El 25 de Noviembre en Madrid: Marchas divididas por la igualdad y contra la violencia machista
El atardecer iluminaba la calle Alcalá cuando comenzaron las protestas en la ciudad de Madrid, convocadas con motivo del Día Internacional para la Eliminación de la Violencia contra las Mujeres. La conmemoración de este 25 de noviembre de 2025 estuvo marcada por dos marchas paralelas que evidenciaron profundas divisiones dentro del movimiento feminista y la sociedad en general. Mientras uno de los objetivos más compartidos, la erradicación de la violencia machista, sigue pendiente, las discrepancias sobre enfoques y responsabilidades quedaron a la vista.
Dos marchas con denuncias distintas
Marcha de Atocha: contra la violencia racista y patriarcal
La primera manifestación partió desde Atocha hacia Jacinto Benavente bajo el lema «Todas y todes contra la violencia racista y patriarcal». Esta marcha, organizada por la Comisión 8M, con participación de Podemos y Sumar, puso énfasis en denunciar el racismo institucional, la complicidad de la Unión Europea en conflictos internacionales y la reducción de fondos para servicios esenciales como el Plan Corresponsables. En total, a esta movilización acudieron unas 3.000 personas según reportes oficiales.
Marcha desde Alcalá: denuncia de la pasividad institucional
Por otro lado, la segunda marcha comenzó en la calle Alcalá convocada por el Foro 25N y el Movimiento Feminista de Madrid, enfocándose en el «negacionismo de la ultraderecha» y la «pasividad institucional» ante fallos en la protección de las mujeres afectadas por violencia machista. Esta movilización contó con aproximadamente 2.000 participantes, incluyendo a ministras socialistas y activistas de varias generaciones, y recorrió desde Gran Vía hasta Plaza de España.
Críticas al sistema de protección y fallos tecnológicos
Durante la marcha de Alcalá, se puntualizó la falta de eficacia en los sistemas de protección, con especial mención al mal funcionamiento de las pulseras antimaltrato electronicamente instaladas a agresores. Las manifestantes denunciaron que estas pulseras no cumplen con su función de seguridad, lo que pone a muchas mujeres en peligro y evidencia una grave falla de las autoridades.
Además, las órdenes de alejamiento no siempre se supervisan correctamente, y otros servicios de protección, como los cribados sanitarios preventivos, se retrasan o no llegan a tiempo. Esta situación fue severamente criticada como una forma de negligencia institucional que pone en riesgo la vida de las mujeres.
Generaciones unidas bajo un mismo reclamo
La protesta reunió a un abanico de edades. Teresa, una mujer de 68 años, recordó que asistía desde el primer 25N y que esperaba que para cuando sus nietas crecieran, la violencia contra las mujeres hubiera desaparecido. Sin embargo, señaló con tristeza que «seguimos enterrando a mujeres«. Jóvenes activistas compartían la marcha con mujeres mayores, mostrando cómo esta lucha se transmite de madres a hijas, haciendo patente la urgencia de continuar la batalla contra la violencia machista.
Fracturas y tensiones en un movimiento desgastado
Aunque ambas marchas buscaban el fin de la violencia contra las mujeres, vieron diferencias en los enfoques y críticas a diferentes actores políticos, incluyendo críticas hacia la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso. Las consignas se acompañaron de pancartas como «Ministra Redondo Dimisión», dirigidas a la ministra de Igualdad Ana Redondo, exigiendo mayor fuerza y compromiso en las políticas de igualdad.
Ambas manifestaciones sumaron cerca de 5.000 asistentes, una cifra inferior a la del año anterior que alcanzó 7.000 participantes, mostrando signos de agotamiento y división del movimiento feminista.
Otras reivindicaciones y situaciones denunciadas
Entre las pancartas de la marcha también se podían leer denuncias frente a fundamentalismos religiosos que, según las organizadoras, vulneran los derechos de niñas y adolescentes, impidiéndoles educación sexual y comprensión de sus propios derechos, lo que fomenta ciclos de violencia.
Impacto social y necesidad de respuestas efectivas
En las calles, las manifestantes repartían cifras de 2025 que reflejan la magnitud del problema: 38 mujeres asesinadas por parejas o exparejas, 289 menores huérfanos y numerosas agresiones sexuales en investigación. Este balance sombrío se convirtió en un reclamo público para que la sociedad y las autoridades respondan con acciones más contundentes.
La marcha avanzó bajo el ritmo de tambores, ocupando las principales avenidas de la capital, reflejando un acto de resistencia y de solidaridad generacional. Turistas y transeúntes observaban cómo Madrid se transformaba en un espacio de protesta por los derechos de las mujeres.
Conclusión: la lucha continúa
Las marchas del 25N 2025 en Madrid pusieron en evidencia las dificultades internas del movimiento feminista, marcado por tensiones políticas y sociales, y el pesar por la persistencia de la violencia machista. Sin embargo, también confirmaron el compromiso de miles de personas de seguir reclamando medidas efectivas y vigilancia constante ante la pasividad institucional y los fallos de protección.
La sociedad española continúa enfrentando un reto crucial: proteger a las víctimas, reparar los mecanismos de prevención y avanzar en políticas que realmente erradiquen la violencia contra las mujeres. Esta fecha simboliza no solo una denuncia, sino también una llamada a la acción que debe trascender las diferencias para construir un futuro más igualitario y seguro.
Para profundizar en los fallos del sistema de pulseras antimaltrato, puede consultar el reportaje de ABC: Un fallo del sistema de pulseras para maltratadores deja a «una gran cantidad» de agresores en libertad. Además, las críticas recientes de asociaciones de víctimas están recogidas en: Las asociaciones de víctimas de violencia de género critican el nuevo error: «Muchas mujeres ya no confían en las pulseras».
Imagen: www.abc.es



