Dificultades de aprendizaje invisibles en el sistema educativo
Sandra Román recuerda cómo desde los dos años su hijo Iván mostraba signos de dificultades en el aprendizaje que no fueron detectadas por el sistema durante años. A pesar de que en la guardería se referían a Iván como un niño inquieto, la verdadera razón detrás de su comportamiento era un conjunto de trastornos neurobiológicos no diagnosticados: dislexia severa, disgrafía y Trastorno del Desarrollo del Lenguaje (TDL).
Una espera de 13 años para un diagnóstico que cambió sus vidas
Iván cursaba tercero de Educación Secundaria Obligatoria (ESO) cuando finalmente sus padres lograron el diagnóstico que buscaban desde su infancia. Durante años, enfrentaron la angustia de ver a su hijo estancado y sin avances, recibiendo únicamente comentarios de «retraso madurativo» y «ya mejorará» por parte de los centros educativos.
La familia tuvo que pagar cerca de 700 euros por pruebas privadas para obtener un diagnóstico definitivo que explicara las dificultades de Iván. Según Sandra, este diagnóstico fue un alivio porque «alguien ponía nombre a la batalla» que vivían al intentar ayudar a su hijo.
Incremento alarmante de alumnos con necesidades educativas especiales
Los datos de los últimos ocho años reflejan un aumento considerable en el número de estudiantes con Necesidades Educativas Especiales (NEE) y Dificultades Específicas de Aprendizaje (DEA) en España. Mientras que el alumnado con NEE ha incrementado más del 36%, el de DEA ha crecido casi un 67%, según un estudio reciente de la Federación de Enseñanza de Comisiones Obreras.
Estas dificultades abarcan dislexia, discalculia, trastornos del lenguaje y los trastornos por déficit de atención (TDA), entre otros. Sin embargo, siete de cada diez estudiantes con DEA siguen sin ser detectados por el sistema educativo, que carece de recursos y especialistas para atender a este colectivo.
La falta de detección y apoyo en las escuelas
La escuela suele identificar solo las consecuencias visibles de estos trastornos, como problemas en el rendimiento o comportamiento, pero no los orígenes. Por eso, muchas familias hacen un desembolso económico significativo para recibir un diagnóstico y apoyo en centros privados, dada la insuficiencia de recursos públicos.
Esta situación provoca un impacto emocional y económico negativo en los hogares afectados. Sandra y Carlos, padres de Iván y Aitor, destinan unos 400 euros mensuales para reforzar la educación de sus hijos con apoyo privado, una cantidad que no está al alcance de todas las familias.
Casos paralelos: la lucha de otras familias ante la escasez de recursos
Mónica Sáez, madre de Pedro desde Tarragona, relata también el duro camino que ha recorrido para que su hijo, diagnosticado con dislexia y TDAH, reciba atención adecuada. La detección tardía aumentó las dificultades y afectó su salud mental, manifestándose incluso con episodios de depresión y autolesiones durante la ESO.
Desde 2017, Mónica ha invertido casi 5.000 euros en informes privados, medicación y reeducación, recibiendo tan solo 400 euros en ayudas públicas. Esta situación evidencia una brecha importante en la asistencia que el sistema debería ofrecer a estos alumnos.
Exigen mayor inversión y recursos especializados
Ángeles García, presidenta de la Asociación de Familias con Dificultades de Aprendizaje de Cataluña (Afdacat), destaca que, aunque un diagnóstico temprano y el apoyo familiar suelen mejorar las expectativas educativas, son necesarias más inversiones para asegurar el éxito. El riesgo se multiplica cuando este diagnóstico no llega a tiempo o no existe apoyo adecuado.
Reivindicaciones y retos pendientes en el panorama educativo
Las familias que atraviesan estas situaciones denuncian un sistema poco preparado y escaso en recursos específicos que detecten y acompañen al alumnado con trastornos de aprendizaje. La falta de adaptación escolar y de apoyo puede provocar consecuencias graves en el bienestar psicológico del menor y en su desarrollo académico.
La experiencia de Sandra y Carlos muestra además la disparidad en la atención entre etapas educativas: mientras que en primaria recibieron cierto soporte, al llegar a secundaria se toparon con nuevas barreras, ya que entidades especializadas como el Centro de Recursos Educativos para Deficientes Auditivos (Creda) limitan su atención a ciertos colectivos y etapas.
Un llamado urgente a la acción desde las familias
El relato de estas madres coraje subraya la necesidad de reforzar los mecanismos de diagnóstico precoz, aumentar el apoyo público y garantizar que todos los alumnos con dificultades específicas reciban una educación inclusiva y adaptada. La experiencia personal de Iván, Aitor y Pedro revela que la «mochila invisible» que cargan muchos estudiantes puede ser mucho más llevadera con políticas educativas adecuadas y recursos suficientes.
Para conocer más sobre trastornos como el Trastorno del Desarrollo del Lenguaje (TDL) o la dislexia, es fundamental acudir a fuentes especializadas y recibir orientación profesional específica.
Imagen: www.abc.es




