El padre Toni Elias, el cura que detuvo a Hizbolá en el sur de Líbano
En el pequeño pueblo de Rmeich, situado en el extremo sur de Líbano y colindante con Israel, donde la guerra es una amenaza constante, destaca la figura del padre maronita Toni Elias. Este sacerdote de 43 años ha sido fundamental para que la escalada del conflicto en la región no alcanzara su población, logrando que Hizbolá retirase sistemas móviles desde los que se lanzan misiles, acción que provocaría ataques del ejército israelí sobre la zona.
Una llamada que salvó a Rmeich de la destrucción
En primavera de 2024, tras estallar la última guerra entre Líbano e Israel, milicianos de Hizbolá instalaron sus sistemas de lanzamiento de misiles en las cercanías de Rmeich, atrayendo el riesgo inminente de bombardeos israelíes. Al recibir la alerta de jóvenes de la localidad, el padre Toni Elias comenzó a tocar las campanas para alertar y convocar a los vecinos. Con gran determinación, consiguió convencer a los milicianos de Hizbolá para que se marcharan de su pueblo, evitando así la destrucción que otras localidades cercanas sufrieron.
La isla de paz en medio de la guerra
Para el sacerdote, el hecho de que Rmeich permanezca intacto en medio del conflicto es un motivo de alivio, aunque admite la profunda incertidumbre que viven cada día sus habitantes. “Ahora a nuestro alrededor solo hay cenizas y escombros que ni siquiera podemos retirar, pero gracias a Dios hemos evitado que destruyan nuestras casas”, declaró en conversación con ABC.
Rmeich es un pueblo predominantemente cristiano, rodeado de poblaciones chiíes bajo la influencia de Hizbolá. Esta singularidad hace que la convivencia y la paz sean retos constantes en la zona.
El papel de la comunidad internacional: cascos azules españoles
Antonios, otro sacerdote de Rmeich, explica cómo la presencia de los cascos azules españoles de la ONU ha ayudado a su comunidad. Estos soldados contribuyen a la educación, enseñan español y apoyan a la población local, fortaleciendo así la estabilidad y esperanza en un contexto complicado.
La retirada prevista de estos cascos azules para 2026 genera sentimientos encontrados, pues si bien sería una buena señal indicativa de paz, la realidad del terreno aún es incierta. “¿Hay paz? Tarde o temprano la habrá”, concluye Antonios.
Un santuario que une a cristianos y musulmanes
En el santuario de Harissa, uno de los centros espirituales más importantes del Líbano, se congregan tanto cristianos como musulmanes. Allí se encuentra la imponente estatua de bronce de “Nuestra Señora del Líbano”, que abre sus manos hacia Beirut y es objeto de devoción de diferentes religiones, lo que simboliza la convivencia y la esperanza en la paz.
El Papa, presente durante estos días, ha destacado la fuerza que da la Virgen María para mantener la esperanza a pesar del ruido de las armas a su alrededor. También hizo referencia a la histórica visita de Juan Pablo II en 1997, cuando definió al Líbano como “un mensaje en sí mismo de tolerancia y apertura”.
Oración por la paz y esperanza en un futuro mejor
Durante su estancia, el Papa oró ante la tumba de san Charbel Makluf, santo libanés muy venerado tanto por cristianos como musulmanes, apelando específicamente por la paz en Líbano y Oriente Medio. En un lugar cargado de realismo pero también de fe, la comunidad local sigue predicando la esperanza y trabajando día a día para mantener la paz en Rmeich.
El testimonio del padre Toni Elias y la historia de este pueblo demuestran cómo la determinación y el diálogo pueden convertirse en herramientas poderosas para proteger la vida y la convivencia en zonas de conflicto.
Imagen: www.abc.es




