- May 03, 2026

Investigación en curso por la muerte de un ‘streamer’ tras un reto extremo online en Vilanova i la Geltrú

La muerte de un ‘streamer’ español bajo sospecha tras un reto online extremo

El pasado 31 de diciembre en Vilanova i la Geltrú, Barcelona, falleció Sergio Jiménez, un ‘streamer’ español cuyo caso está siendo investigado por los Mossos d’Esquadra. La policía estudia si esta muerte está relacionada con un peligroso reto online en el que el joven habría consumido drogas y alcohol tras recibir pagos de usuarios para continuar con su sufrimiento en directo.

Contexto y antecedentes de muertes en directo en plataformas de ‘streaming’

Este trágico suceso recuerda al caso de Jean Pormanove, un ‘influencer’ francés fallecido en agosto tras días recibiendo agresiones y retransmitiéndolo en directo. No obstante, la autopsia concluyó que su muerte se debió a una intoxicación y no a la violencia física. Este detalle pone en evidencia la complejidad de determinar responsabilidades en muertes vinculadas con contenidos en línea y retos extremos.

La compleja investigación policial y los desafíos legales

Fuentes policiales han comunicado a los medios que la investigación de la muerte de Sergio Jiménez no es sencilla. El principal reto es demostrar la existencia de presiones, coacciones o vejaciones enlazadas directamente con el fatal desenlace. Para ello, se analizarán los dispositivos electrónicos del fallecido y se trabajará con la orden judicial correspondiente para rastrear cuentas, chats, comunicaciones en plataformas de streaming, foros y redes sociales.

El objetivo final es identificar a las personas que pudieron incitar, coaccionar o presenciar la situación, y determinar la relación entre estas acciones y la muerte. Uno de los métodos para ello es analizar las direcciones IP y rastrear los pagos que el ‘streamer’ recibía a cambio de realizar dichos retos.

Dificultades jurídicas y el debate sobre la inducción al suicidio

Los expertos penalistas consultados alertan que será complicado perseguir a los espectadores o pagadores por un delito de inducción al suicidio. Según Cristina Molins, abogada del Despacho Molins, la ley requiere una conducta directa, decisiva y reiterada para que exista este delito, por lo que sin mensajes claros y específicos que inciten a quitarse la vida, no se cumplirían los requisitos legales.

Además, el consumo de drogas y alcohol por parte del propio fallecido no se considera un delito, por lo que quienes financiasen estos actos podrían estar coaccionando una conducta legalmente permitida aunque peligrosa. Se analiza asimismo la posible omisión del deber de socorro por parte de quienes presenciaron la agonía en directo, aunque esto también es difícil de probar y sancionar judicialmente.

Testimonios y revelaciones de otros ‘streamers’

Según ha informado El Periódico, fue el hermano de Sergio Jiménez quien lo encontró sin vida en su habitación, donde también se hallaron restos de alcohol y cocaína, además de una conexión en directo activa. Se escucharon voces preguntándole si ya estaba «durmiendo la mona».

Simón Pérez, un conocido ‘streamer’ economista que viralizó un vídeo sobre hipotecas en 2017, detalló en su canal de YouTube que Jiménez falleció tras consumir una gran cantidad de cocaína y whisky en pocas horas. Ambos habían colaborado en vídeos de «retos extremos», que evaden las restricciones de plataformas como YouTube, Twitch o Kick mediante grupos privados de Telegram y canales alternativos como Google Meet.

Comprendiendo el fenómeno: el juego de poder detrás de los retos extremos en directo

El fenómeno de los retos en directo que llegan al límite físico y psicológico tiene profundas raíces sociales y psicológicas. El catedrático Antonio Andrés-Pueyo, experto en Psicología de la Violencia en la Universidad de Barcelona, explica que quienes pagan por ver este sufrimiento no se identifican con la víctima, sino que se sienten en una posición segura y dominante, participando sin riesgo personal y ejerciendo poder a distancia.

Este efecto es comparable a un linchamiento en directo, donde se suspenden las emociones de empatía debido a que se percibe la violencia como un juego o entretenimiento, y la pantalla sirve como escudo de impunidad. El fenómeno se combina con la fascinación por la muerte y el sensacionalismo en formatos de ‘True Crime’, así como la deshumanización en redes sociales y el anonimato de los espectadores.

El triángulo del sufrimiento en la red: protagonista, productor y observador

Según Andrés-Pueyo, el fenómeno consta de tres roles claves: el protagonista que se autolesiona o se autodestruye en directo; el productor que crea y difunde este contenido; y el observador o espectador, quien se siente como un torturador con poder y control. Esta dinámica crea un entorno peligroso que incentiva conductas de riesgo y autodestrucción.

La psicóloga forense Elisa Micciola coincide en que el impulso de quienes pagan o incitan a estos retos proviene de un «juego de poder» y una búsqueda de control inmediata, facilitada por la impunidad que ofrece la distancia y la pantalla.

La presión de la competencia y el impacto en los creadores de contenido

Expertos en comunicación, como Silvia Martínez de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC), indican que muchos creadores de contenido asumen riesgos para generar impacto y alcance, buscando recompensas tangibles como notoriedad y monetización. La adrenalina puede afectar su percepción del peligro real, llevándolos al límite sin medir plenamente las consecuencias.

Por su parte, Òscar Coromina, profesor de la Universitat Autónoma de Barcelona (UAB), señala que la competencia feroz en plataformas como YouTube genera una presión que expone a los creadores a arriesgar más para mantener ingresos, lo que explica la proliferación de retos extremos.

La responsabilidad de las plataformas y el papel de los moderadores

El abogado Francesc Feliu, conocido por defender a moderadores de contenido contra Meta, denuncia la opacidad de las redes sociales en la gestión de alertas de contenido dañino. Aunque las plataformas tienen mecanismos para detectar estos contenidos, no existe claridad ni responsabilidad pública sobre qué acciones se toman tras la denuncia, lo que dificulta prevenir casos como estos.

La sociedad y las plataformas se enfrentan a un desafío ético y legal para proteger a creadores y espectadores frente a conductas autodestructivas transmitidas en directo.

Imagen: www.abc.es

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