El impacto de los incendios forestales en los viñedos gallegos
En Galicia, la amenaza de los incendios forestales continúa sobrevolando un territorio reconocido por su tradición vitivinícola. Este año, con más de 30.000 hectáreas arrasadas, los productores de la comarca de Valdeorras, en la provincia de Orense, enfrentan una vendimia incierta. A pesar de que grandes extensiones de tierra agrícola han sido afectadas, viñedos centenarios han actuado como barrera natural, protegiendo monumentos históricos como la iglesia románica de Santa María de Mones, ubicada en Petín, y también las viviendas de aldeas cercanas como Vilela y Fontei.
Viñedos y patrimonio protegido por la naturaleza
Los viticultores locales explican que las cepas de godello y mencía han sido clave para evitar una destrucción aún mayor. Sin embargo, lamentan que las mismas plantas que han servido como escudo natural podrían ver comprometida su cosecha durante la vendimia que acaba de comenzar.
Según Santi Pérez, técnico de la Denominación de Origen Valdeorras, es demasiado pronto para cuantificar los daños, pero ya se ha iniciado un censo para registrar fincas afectadas por el fuego, lo que permitirá evaluar el alcance final de las pérdidas.
La experiencia directa de los productores de vino
Javier García, con dos décadas en Bodegas Sampayolo, destaca tres tipos de pérdidas: la cosecha que se pierde inmediatamente, la planta que podría recuperarse y las zonas donde se pierde todo. Algunas cepas centenarias han quedado completamente calcinadas, generando incertidumbre sobre su recuperación en los próximos años.
Por su parte, Pio González, productor de tercera generación en Fontei, relata que aunque se observa un buen aspecto de las uvas, estas tienen sabor a humo, imposibilitando su uso en la producción. Para intentar salvar la planta, están aplicando técnicas de riego intensivo que implican podas profundas, lo que podría significar una pérdida de hasta cuatro años para volver a obtener una producción completa.
Enología y tratamientos para la vendimia tras el incendio
Lucía Carballeira, enóloga de la bodega A Terriña (grupo Méndez Rojo), vivió el impacto del fuego directamente en su finca de Carballal. Pese al shock inicial, trabajan para conservar las cepas mediante regadíos y técnicas con algas que favorecen la regeneración de la raíz.
Lucía resalta que la vendimia es obligatoria pese a las circunstancias, ya que la vid no descarta la fruta madura y mantenerla incrementa el consumo de recursos de la planta. Uno de los principales temores para este año es la presencia del llamado «smoke taste» o aroma a humo en el vino, un defecto que puede manifestarse durante la elaboración y afectar la calidad final.
Para combatir esto, la DO Valdeorras ha implementado protocolos que incluyen maceraciones más cortas y la separación rápida de mostos limpios para minimizar la contaminación sensorial. Santi Pérez expresa confianza en los métodos enológicos y afirma: “Yo estaría tranquilo”.
El impacto climático y el desafío para el sector vitivinícola
Además del daño por el fuego, la situación meteorológica genera incertidumbre. Se esperan lluvias en los próximos días que podrían ser un alivio o un problema añadido. Lluvias moderadas ayudarían a enfriar el suelo y eliminar cenizas, mientras que precipitaciones fuertes podrían arrastrar material tóxico hacia las viñas, dificultando aún más la vendimia.
Según datos del año pasado, la producción alcanzó los 8,7 millones de kilos de uva en la región, con un incremento de 50 hectáreas incorporadas para la campaña actual. No obstante, hasta que finalice la recolección no se conocerá el verdadero impacto de los incendios en los rendimientos.
Burocracia como obstáculo para la recuperación rural
Los viticultores no solo tienen que enfrentarse a los daños naturales, sino a una pesada burocracia que complica la gestión y recuperación de sus fincas. Javier García señala que en el pasado, convivir con ganado y mantener tierras era sencillo y ayudaba a prevenir incendios. Sin embargo, la normativa actual impone exigencias desproporcionadas para manejar animales o efectuar cambios en el uso de la tierra.
José Ramón Rodríguez, de la bodega Joaquín Rebolledo, ejemplifica el problema con su experiencia intentado cambiar el uso de una finca quemada. El proceso burocrático y normativo europeo causa largos plazos y costos elevados, dificultando incluso permitir la tala de pinos muertos que pueden generar riesgos.
La acumulación de obligaciones con distintas entidades — Ministerio de Transición Ecológica, Consejo Regulador, Sanidad, Hacienda, entre otros — genera un entorno hostil para pequeños y medianos productores rurales, cuyo modelo de vida está en peligro por estas trabas administrativas.
Una llamada a la acción para proteger el mundo rural
Desde Valdeorras, los viticultores lanzan un mensaje claro: el abandono institucional y las regulaciones excesivas dañan más al mundo rural que los propios incendios. Javier García lamenta que antes, con más vida y actividad, los incendios eran menos frecuentes, pero que ahora la despoblación y restricciones hacen que cualquier chispa pueda desatar una tragedia.
José Ramón Rodríguez aboga por buscar soluciones pragmáticas sin buscar culpables, mientras Santi Pérez concluye que la España rural no está vaciada, sino abandonada, y que con presencia humana y apoyo institucional la resiliencia del territorio será posible.
La vendimia en Galicia afronta así una de sus mayores pruebas, entre el fuego, la incertidumbre climática y la compleja realidad del mundo rural aún por resolver.
Imagen: www.abc.es




