Un hogar entre lápidas: la vida dentro del cementerio de Poble Nou
A tan solo unos metros de interminables hileras de tumbas, rodeados por cipreses, coronas de flores y panteones, existe un pequeño hogar con una historia muy particular. Manuel Arias, quien fue sepulturero durante más de medio siglo en el cementerio de Poble Nou en Barcelona, junto a sus hijos, han vivido dentro del recinto mortuorio desde 1953. Una realidad que, aunque pueda parecer tétrica, ha sido para esta familia un entorno de absoluta felicidad y respeto hacia la muerte.
Una vivienda con historia en el corazón del cementerio
El Ayuntamiento de Barcelona, junto con la empresa Gestora del negocio funerario de la época, asignó a Manuel Arias una casita baja dentro del viejo cementerio de Poble Nou, frente a la puerta principal y a escasos metros del acceso a las tumbas. Allí ha crecido su familia, forjada con amor y dedicación, y él aún reside a sus 97 años junto a dos de sus hijos.
Esta vivienda, situada en el margen izquierdo del acceso al cementerio, contrasta con las otras tres casas abandonadas que se encuentran en el mismo lugar. La vida palpita en esta casa, donde las historias y recuerdos acumulados durante seis décadas se mantienen vivos.
Infancia rodeada de silencio y respeto hacia la muerte
Creciendo en un entorno poco convencional
Marc Arias, hijo menor de Manuel, recuerda su infancia como una experiencia única pero similar a la de otros niños de su edad, con la diferencia de que esta ocurrió en un ambiente lleno de fuentes, cipreses y palmeras dentro del cementerio. “Jugaba a las canicas entre las tumbas y estudiaba dentro del camposanto, aprovechando la tranquilidad y el silencio del lugar”, comenta.
La madre de Marc acompañaba al colegio a limpiar nichos, y él disfrutaba observando las estatuas o cazando renacuajos en las fuentes del recinto. A pesar del entorno, nunca sintieron miedo ni a la «parca» ni a los difuntos, un respeto que sus padres inculcaron desde pequeños: “Si veíamos coches fúnebres largos y negros, nos obligaban a entrar en casa y abandonar el juego”, asegura.
La muerte desde la normalidad y el respeto
Para Marc y sus hermanos, vivir en el cementerio fue natural. Incluso cuando las puertas se cerraban, él se sentía como el rey de un territorio de casi 53.000 metros cuadrados, donde podía jugar y disfrutar respetando ciertas normas. Su habitación linda pared con pared con algunos nichos, lo que para él es parte de la realidad cotidiana.
Un legado familiar forjado entre muertos
Manuel Arias: el patriarca y el sepulturero
Manuel llegó a Barcelona desde una aldea de los Ancares leoneses en 1953 y pronto encontró trabajo en los cementerios de la ciudad. Más allá de su labor como funcionario municipal, destacó por su dedicación y el profundo respeto hacia su tarea y hacia los difuntos, un ejemplo que ha sido transmitido a lo largo de las generaciones.
Experiencias y anécdotas de una infancia única
Marc narra con detalle sus primeros encuentros con la muerte, especialmente cuando acompañó a su padre a verlo todo de cerca, incluyendo la apertura y preparación de nichos para nuevos entierros. Aunque impactante, esas vivencias se vivieron siempre desde el lado humano y respetuoso.
Una anécdota memorable es cuando llevó por primera vez a su novia a la casa familiar sin decirle dónde vivía: ella quedó estupefacta al descubrir que su novio residía dentro de un cementerio, pero aquello no impidió que la relación continuara, resaltando la naturalidad con la que han vivido esta familia dentro del camposanto.
El cementerio como un entorno de vida y memoria
Este modo de vivir ha enriquecido la visión de la familia Arias sobre la vida y la muerte, aceptando la última como un proceso normal y digno. Marc afirma que la relación que han tenido desde niños con la muerte les ha brindado respeto, nobleza y amor al prójimo.
En el contexto del Día de Todos los Santos, esta historia resalta por cómo el hogar y la muerte pueden coexistir en armonía, mostrando otra perspectiva sobre un tema tradicionalmente tabú. La vivienda dentro del cementerio no es solo una residencia, sino un símbolo vivo de la memoria y el respeto hacia quienes ya partieron.
Paralelismos literarios con Edgar Allan Poe
La experiencia de la familia Arias tiene ciertas similitudes con la vida del famoso escritor Edgar Allan Poe, conocido por sus relatos de terror. Poe creció cerca de un cementerio y su profesor solía llevar a los alumnos a pasear entre lápidas para aprender a calcular las edades de los difuntos, una forma educativa que también reflejaba la cercanía con la muerte de manera natural y respetuosa, muy parecido al ambiente vivido por Marc y sus hermanos.
Conclusión: una vida única en Poble Nou
La historia de la familia Arias es un testimonio de cómo se puede vivir en un entorno poco habitual con respeto, armonía y felicidad. A pesar de las apariencias sombrías, la casa en el cementerio fue un verdadero hogar donde se formó una familia fuerte y unida, demostrando que la muerte no tiene que ser un motivo de miedo, sino de respeto y convivencia.
Imagen: www.abc.es




