Fallas en pulseras telemáticas ponen en riesgo a víctimas de violencia de género
Alicia, residente en Sevilla, descubrió que las pulseras telemáticas diseñadas para protegerla de su maltratador presentaban graves fallas que comprometieron su seguridad. Tras una relación con un agresor que terminó en constantes hostigamientos, la joven encontró en los dispositivos electrónicos un apoyo institucional, que sin embargo mostró ser insuficiente y defectuoso.
El inicio del calvario y las medidas legales
Relación y primer contacto con el maltratador
Alicia conoció a su maltratador en circunstancias comunes, cuando un amigo de los propietarios del bar donde trabajaba se unió a su conversación con su hermano. Durante algunos meses mantuvieron encuentros esporádicos, pero ella decidió cortar la relación al notar conductas preocupantes. A partir de ese momento, comenzaron el acoso y seguimientos que hicieron temer por su seguridad.
Denuncia y sistema de protección VioGén
Después de que el agresor accediera a su domicilio de manera ilegal y la sorprendiera en su propio salón, Alicia acudió a las autoridades, quienes activaron el protocolo de protección VioGén. En marzo de 2024, fue detenido y se le impusieron medidas cautelares estrictas como la prohibición de acercarse a menos de 500 metros de Alicia, restricción de acceso a su municipio y la obligación de portar una pulsera telemática de localización.
Problemas con las pulseras telemáticas: una protección defectuosa
Dispositivos defectuosos adquiridos por el Ministerio de Igualdad
Tanto Alicia como su agresor fueron de los primeros usuarios de las nuevas pulseras que el Ministerio de Igualdad comenzó a implantar tras adjudicar el sistema a una UTE compuesta por Vodafone y Securitas Seguridad. No obstante, los dispositivos presentaron fallos graves de funcionamiento, con dispositivos de peor calidad que los precedentes y que ponían en riesgo la seguridad efectiva de las víctimas.
Casos de falsas alertas y ausencia de detección del agresor
Apenas un mes después de recibir la pulsera, Alicia se encontró con su agresor cerca de su casa, sin que el sistema le alertara. Además, se percató de que él no llevaba el dispositivo puesto, lo que confirmó que las alertas no eran fiables. En total, durante los siguientes ocho meses, se cruzó con el agresor en varias ocasiones sin recibir asistencia ni detección adecuada de los dispositivos.
La falta de respuesta y la sensación de desamparo
Incredulidad de fuerzas de seguridad y familiares
Cuando Alicia informaba a Cometa, el centro encargado del sistema de pulseras, o a la Policía sobre la ausencia del dispositivo en el maltratador, ambos organismos descartaban la posibilidad. La Policía consideraba que los datos del sistema aseguraban que él estaba a kilómetros de distancia, y las autoridades llegaron a tildarla de «loca» por sus denuncias.
Intervención tras denuncia familiar y juicio rápido
Finalmente, un familiar de Alicia detectó a su agresor sin pulsera a 200 metros de su vivienda, lo que desencadenó su detención en un salón de juegos. Sin embargo, el juicio rápido determinó que al no haber agresión física ni sexual reciente, el agresor no representaba un peligro, dejando vigente la necesidad de que lleve la pulsera. Alicia lamenta la frustración que supone que el sistema y la justicia no protejan adecuadamente.
Impacto psicológico y actual situación de la víctima
Vivir con miedo y la búsqueda de pruebas
Desesperada, Alicia actuó por su cuenta y consiguió obtener testimonios, imágenes y vídeos que probaban que el agresor se quitaba la pulsera cuando quería para acercarse a ella. Sin embargo, pese al esfuerzo, el sentimiento de inseguridad y miedo continuo persiste. «Psicológicamente es devastador. Vives en alerta 24 horas sabiendo que lo que debería protegerte no está funcionando», relata.
Nueva remesa de pulseras para mejorar el sistema
Según información con la que cuenta el personal del centro Cometa, el Ministerio de Igualdad recibió en febrero de 2025 una nueva remesa de pulseras que se sustituyeron por las defectuosas. Desde principios de 2025, Alicia asegura no haberse cruzado con su agresor, aunque continúa con el temor y la vigilancia constante tras su experiencia.
Conclusión
Mientras espera que el juicio para modificar las medidas de protección avance, Alicia intenta recuperar cierta normalidad en su vida. Denuncia que una persona pueda entrar en su casa, seguirla, manipular la pulsera telemática y no ser detectado es la peor experiencia imaginable para una víctima. A través de su caso, se pone en evidencia la necesidad urgente de mejorar estos dispositivos y garantizar una protección real y eficaz contra la violencia de género.
Imagen: www.abc.es




