- Mar 09, 2026

Desafíos en los centros de menores no acompañados en Canarias: la presión de las familias para falsear la edad

La realidad cotidiana en los centros de menores no acompañados en Canarias

A primera hora de la mañana, en las 34 instalaciones destinadas a menores no acompañados (menas) que gestiona Pedro García en Tenerife y Las Palmas de Gran Canaria, la actividad es intensa. Este psicólogo, con dos décadas de experiencia, coordina la labor en estos centros pertenecientes a la Asociación Coliseo que ofrecen acogida a cerca de mil menores llegados principalmente en pateras, muchas veces bajo la presión de comenzar a trabajar cuanto antes.

Presión familiar para falsear la edad y comenzar a trabajar

Uno de los principales problemas que enfrentan estos centros y sus educadores es la determinación de la verdadera edad de los menores. Según Pedro García, muchas familias, no solo los padres sino también otros parientes, presionan para que los jóvenes falseen su edad y así puedan acceder más rápido al mercado laboral, enviando dinero a sus familias.

“La presión viene de casas normalmente humildes o desestructuradas donde se hacen grandes esfuerzos económicos para que los menores lleguen a España lo antes posible”, explica García. En ocasiones, esta situación genera un choque cultural y emocional profundo para estos jóvenes, que amenazan incluso con autolesionarse si no se les permite cumplir el rol que sus familias les encomendaron.

Procedimientos para la determinación de la edad

La edad de los jóvenes se aproxima mediante pruebas médicas, como las pruebas óseas, y la experiencia de los educadores que, a través de la observación del comportamiento y gestos, complementan esta evaluación con su juicio profesional. Sin embargo, se suele redondear la edad a la baja para evitar errores que puedan perjudicar a los menores.

Diferencias en el perfil y comportamiento de menores según su origen

La mayoría de los menores que acogen los centros de la Asociación Coliseo son subsaharianos, aunque también llegan jóvenes procedentes del Magreb. Pedro García señala diferencias claras entre ambos grupos: “Los magrebíes suelen ser más conflictivos, provienen de hogares desestructurados, tienen un comportamiento más callejero y son más individualistas. Por otro lado, los subsaharianos mantienen lazos familiares muy fuertes y su objetivo primordial es empezar a ganar dinero cuanto antes.”

Además, los menores magrebíes muestran mayor interés por aspectos superficiales como la ropa y son más propensos a fumar, algo poco común en los subsaharianos. Para evitar conflictos, se suelen distribuir los menores magrebíes en diferentes centros.

Problemas de capacidad y personal en los centros de acogida

La demanda de plazas supera ampliamente la capacidad de los centros, puesto que muchos acogen a más jóvenes de los que sus instalaciones permiten. Según García, sería ideal que ningún centro acogiera a más de 30 menores, sin embargo actualmente este número puede llegar a ser de 40, 50 o incluso 60 jóvenes por centro.

En ocasiones, por falta de espacio, se ha tenido que recurrir a la habilitación de naves industriales para alojar hasta 112 menores. Los problemas logísticos vienen acompañados por las dificultades para encontrar suficiente personal cualificado y motivado para realizar esta labor que, aunque gratificante, presenta complejidades y riesgos.

La importancia del trabajo educativo y la integración

Los profesionales intentan que los jóvenes tengan una rutina diaria que incluya deporte y responsabilidades dentro del centro, como hacer la cama o recoger mesas, fomentando el respeto y la convivencia. Además, se ofrecen clases de alfabetización para facilitar la posterior escolarización. En este sentido, también se están desarrollando módulos especiales de Formación Profesional para que los menores puedan aprender un oficio y mejorar sus oportunidades laborales.

Pedro García recalca que conocer a fondo las historias y circunstancias de cada menor es fundamental para brindar una atención adecuada, sobre todo atendiendo si han sufrido abusos o tienen necesidades especiales. Incluso algunos jóvenes se sienten apoyados para expresar identidades que no podrían mostrar en su país de origen, como su orientación sexual.

Perspectivas y conclusiones

El trabajo con menores no acompañados en Canarias es multifacético y complejo, marcado por retos como la presión familiar para falsear la edad, la falta de recursos y la diversidad cultural de los jóvenes. A pesar de las dificultades, muchos educadores encuentran en este ámbito una tarea “gratificante” que contribuye a la integración de estos menores en la sociedad española.

Con el aumento esperado de llegadas por el mar tranquilo en septiembre, el sistema continuará bajo presión, lo que demanda una reflexión profunda sobre políticas de acogida y recursos disponibles para mejorar la atención y evitar situaciones de saturación.

Imagen: www.abc.es

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