Intervención judicial revela abandono de monjas ancianas en Orduña
El pasado 18 de diciembre, una inspección ordenada por el Juzgado de Instrucción nº 5 de Bilbao en el monasterio de Orduña (Vizcaya) reveló un preocupante estado de desatención hacia cinco monjas de avanzada edad, con edades entre 87 y 101 años. La intervención, motivada por la necesidad de trasladar a las religiosas de la comunidad de Belorado, puso al descubierto graves deficiencias higiénicas y de cuidado en estas ancianas.
Condiciones de vida deplorables
Las monjas mayores fueron halladas sin haber desayunado, con el pelo sin lavar desde hacía días, uñas sucias, y pañales sin cambiar tras toda la noche. Las habitaciones en las que vivían estaban en pésimas condiciones, incluso con presencia de dos perros orinando en las mismas estancias y una gata que había parido recientemente. La Guardia Civil ya había documentado la presencia de excrementos de perros en el interior del convento durante investigaciones previas relacionadas con una venta ilegal de obras de arte, lo que incentivó la orden judicial para su traslado.
Estado físico y emocional alarmante
La situación no solo reflejaba un deterioro físico grave, sino que también evidenció un abandono emocional y espiritual. Tres de las cinco monjas fueron hospitalizadas en el hospital de Basurto en Bilbao para una revisión médica tras la intervención. Según testimonios, una de ellas incluso fue trasladada sin pañal y en un estado de semidesnudez, aunque las autoridades afirmaron que los agentes tuvieron que ayudar a asearla y proporcionarle ropa limpia debido a su precaria higiene.
Además, una de las religiosas expresaba miedo al contacto físico y negaba pertenecer a la misma religión que las monjas clarisas que las acompañaron, producto del conflicto interno o “cisma” impuesto por las religiosas más jóvenes de la comunidad. Una expresión impactante de esta situación fue la frase de una de las monjas que dijo: “Estoy feliz porque hoy no ha venido nadie a pegarme”, señalando un posible maltrato que han sufrido.
Conflicto interno y manipulación espiritual
El problema va más allá del cuidado físico, involucrando un contexto de manipulación espiritual y división interna entre las religiosas. Las monjas mayores se vieron separadas y empujadas hacia una situación de aislamiento y abandono por las decisiones pertenecientes a las religiosas más jóvenes.
Este conflicto ha sido un factor que retrasa además la resolución y mejora de las condiciones de las ancianas, quienes se encuentran con un deterioro cognitivo y físico evidente, pero manteniendo una lucidez suficiente para sentir el impacto de la situación en su interior. El testimonio de una clarisa que acompañó a una de las religiosas en la ambulancia destaca el estado de confusión y tristeza manifestada por ella sobre la religión y el tratamiento recibido.
Impedimentos para el acceso a sus compañeras hospitalizadas
Días posteriores al traslado, las exmonjas cismáticas intentaron acceder a las habitaciones del hospital donde permanecen ingresadas las hermanas mayores, pero fueron impedidas en ambos intentos por la dirección del centro y la Federación de Clarisas, que tiene la supervisión de las religiosas tras el auto judicial.
Las exreligiosas convocaron a la prensa para narrar su versión, pero la orden judicial continúa vigente para proteger a las religiosas mayores, dadas las circunstancias de abandono y vulnerabilidad que presentaron.
Factores que agravaron el abandono
Las condiciones higiénicas fueron agravadas por la falta de infraestructura adecuada para el cuidado geriátrico. El edificio del convento cuenta únicamente con una ducha geriátrica en un baño compartido, insuficiente para atender las necesidades específicas de personas en edades tan avanzadas y con deterioro físico y cognitivo.
Un médico que atendió a las religiosas en el hospital detectó que una de ellas tenía medicación en dosis superiores a las necesarias, lo que también representa un riesgo para su salud y evidencia un posible descuido en la gestión sanitaria.
Apoyo y seguimiento tras la intervención
Tras la salida de las religiosas mayores del monasterio, se han asegurado los sacramentos religiosos fundamentales que ellas no habían recibido desde hacía más de año y medio, tales como la confesión, la comunión y la unción de los enfermos. Este gesto se ha considerado importante para ofrecer un apoyo espiritual acorde a su fe en medio de su vulnerabilidad.
Se espera que este caso sirva para fortalecer los protocolos de supervisión y cuidado en las comunidades religiosas que albergan personas mayores, especialmente cuando existen factores de riesgo como el aislamiento físico y conflictos internos que impiden garantizar su bienestar.
Contexto y antecedentes
La Guardia Civil intervino inicialmente en el convento de Orduña dentro de una operación por venta ilegal de obras de arte pertenecientes a la comunidad religiosa. Durante esa inspección, se detectaron múltiples irregularidades, incluyendo deficiencias higiénicas y presencia de animales que contribuían a un ambiente insalubre.
Este informe llevó a la decisión del Juzgado de instrucción para ejecutar el traslado de las religiosas mayores a un entorno más seguro y acorde a sus necesidades. Sin embargo, el proceso fue complicado, con intentos fallidos previos debido a la resistencia y la tensión interna en la comunidad.
Relevancia y llamado a la acción
Este caso pone en evidencia la necesidad urgente de garantizar la protección y cuidado de las personas mayores en todas las instituciones, incluyendo aquellas que funcionan bajo estructuras religiosas o cerradas.
Organizaciones como Cáritas España y leyes de bienestar social recomiendan supervisiones periódicas, condiciones adecuadas de higiene y atención médica especializada para evitar situaciones similares.
Asimismo, la Guardia Civil ha jugado un papel clave en la protección de estas personas, mostrando el compromiso institucional para intervenir en situaciones de riesgo, independientemente del contexto bajo el que se presenten.
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Imagen: www.abc.es



