Contramano: Navidad, Sevilla versus Vigo

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El Instituto para Diversificación y Ahorro de la Energía (IDAE) estimó en 2011 que en apenas 15 días de fiestas navideñas las ciudades españolas consumían más energía que en el resto del año y emitían a la atmósfera 10.000 toneladas de dióxido de carbono (CO2). Por su parte, la Universidad de Nueva York concluyó que durante la Navidad se emite en el mundo el 5,5% de todo el gas de efecto invernadero de un año.

Tanto el IDAE como los ecologistas pidieron que se retrasara al máximo el encendido del alumbrado navideño, para reducir tanto el consumo energético como la emisión de CO2.

En el decenio transcurrido desde entonces la tendencia ha sido justo la contraria a la recomendada: los ayuntamientos han ampliado el número de calles, plazas y árboles iluminados, han adelantado el encendido y lo mantienen cada vez más horas (18 en Vigo).

Cambio climático

Da igual que este año la cumbre mundial contra el cambio climático (COP 26) en Glasgow se haya celebrado hasta el 12 de noviembre y que se presumiera que la clase política saldría de la misma más concienciada que nunca sobre la necesidad de ahorrar energía para evitar el perjudicial CO2 a la atmósfera.

Apenas 14 días después de participar en la COP 26 dentro del Comité Europeo de las Regiones y como presidente de la Red Española de Ciudades por el Clima, el alcalde de Sevilla, Juan Espadas, que va de verde por la vida y pidió en Escocia que se dé voz a las ciudades para afrontar la lucha contra el cambio climático, anticipó más que nunca (día 26 de noviembre) el encendido del alumbrado navideño, con el argumento de que se trata de un “reclamo turístico” y de un factor que contribuye a la recuperación de la actividad comercial y de la vida en general en el Centro y en los barrios.

Espadas constató que se está produciendo “una especie de competición a ver quién llega antes” en la carrera por ser la primera ciudad que enciende las luces de Navidad y se mostró convencido de que Sevilla nunca lo haría antes que Vigo (efectivamente, allí le dieron al botón el 20 de noviembre), convertida en el referente en la materia y en el rival a batir por las restantes.

Si el alumbrado navideño es un reclamo para el turismo, como sostienen Espadas y el resto de alcaldes involucrados en esta competición, el gasto de 1.022.087 euros (un 6,5% más que en 2020) en iluminar 287 calles de Sevilla trataría de justificarse en que el Instituto Nacional de Estadística vendría reflejando un mayor número de viajeros alojados e los hoteles sevillanos y dejándose los dineros en la ciudad.

Del solsticio al mapping

Empecemos recordando que el los últimos años del mandato de Monteseirín la derecha sociológica y mediática de la ciudad hizo campaña contra el, a su juicio, pobre alumbrado navideño (olvidando que la crisis financiera había estallado con toda su crudeza en septiembre de 2008) y por su falta de motivos cristianos (tan falto entonces como en todos los año posteriores hasta hoy).

El primer teniente de alcalde de la época, Antonio Rodrigo Torrijos, fiel a su ideología comunista, habría declarado que él prefería celebrar el solsticio de invierno en vez de la Navidad, lo cual fue utilizado hasta el paroxismo en su contra (años después declaró que había recibido hasta amenazas de muerte por aquella frase) y en contra del gobierno local de coalición PSOE-IU.

Dados los precedentes no es de extrañar que cuando el PP de Zoido ganó las elecciones municipales en 2011 decidiera “tirar la casa por la ventana”  para convertir la primera Navidad de su mandato en el símbolo del cambio político en Sevilla.

Así, se montó un alumbrado en el que no se escatimaron bombillas ni colores (a más de uno tal deslumbramiento le pareció más propio de un ambiente discotequero que navideño) y, por primera vez en la ciudad (copiándolo de otros eventos, como en Madrid), el “mapping”, una proyección tridimensional sobre la fachada del Ayuntamiento en la plaza de San Francisco con un coste superior a los 250.000 euros que el primer año sufragó parcialmente Telefónica.

Impacto turístico

Aquella fastuosa Navidad se tradujo en tan sólo 1.521 viajeros más y en 3.724 pernoctaciones más en los hoteles sevillanos que en el mes de diciembre del último mandato de Monteseirín.

Sorprendentemente, en el segundo año de Zoido (2012) y su Navidad del alumbrado multicolor y del “mapping” se alojaron en nuestros hoteles 10.000 viajeros menos que en el último diciembre de su predecesor.

A partir del tercer año de Zoido (2013) el “reclamo turístico” se tradujo ya en un progresivo incremento (con un leve retroceso en 2016) de viajeros alojados en los hoteles sevillanos y de pernoctaciones hoteleras, a pesar de que se pasó del macro “mapping” de Zoido a los mini “mapping” de Espadas (tres repartidos por otros tantos puntos de la ciudad) y, finalmente, a su abandono por su elevado coste.

La estadística refleja que el costoso “mapping” no era condición necesaria para incrementar el atractivo turístico de Sevilla en Navidad, ya que salvo en el paréntesis de 2016 el programa navideño ha ido asociado a un crecimiento en el número de viajeros alojados en hoteles (+9,28% en 2017; +4,11% en 2018; +6,45% en 2019) y de pernoctaciones hoteleras (+10,18% en 2017; +6,80% en 2018; +2,37% en 2019).

El caso de Vigo

¿Qué ha ocurrido en paralelo en Vigo desde que el socialista Abel Caballero llegó a la Alcaldía en 2007 y con un populismo inesperable en un intelectual como él se propuso que su ciudad fuera identificada con la Navidad a base de cada año más millones de luces LED -11 millones en 2021- hasta el punto de recibir la atención de la prensa internacional por tal derroche lumínico y de dinero?

Obviamente, cada alcalde niega que su alumbrado navideño sea un despilfarro (en 2018, Vigo gastó 43 veces más que Barcelona por tal concepto) y lo justifica por el supuesto retorno económico que genera. Sin ir más lejos, en Málaga se dijo en 2018 que sus luces navideñas habían tenido un impacto de 202,1 millones de euros (la mitad que la Semana Santa en Sevilla).

Los datos reflejan que el número de viajeros alojados en hoteles vigueses durante el mes de la Navidad (diciembre) no superó al que se registró el mismo año (2007) de la llegada de Abel Caballero a la Alcaldía de Vigo hasta 2017, y sólo en 1.573 personas (un +6,5%).

A partir de ese año, el efecto de los crecientes millones de luces LED navideñas se dispara: en 2018, el crecimiento de viajeros alojados en hoteles vigueses respecto del año anterior es de un 30,54%; y en 2019, de un 39% respecto del año previo.

Alcance nacional

Es un fenómeno turístico prácticamente nacional, ya que el número de viajeros extranjeros sólo supera al registrado en 2007 (año de Abel Caballero como alcalde) al cabo de un decenio (+10,66%); al año siguiente crece en un 17,74%, pero en 2019 cae en un 14,59%, como si los foráneos que acudieron a Vigo a contemplar el “fenómeno” comentado en la prensa mundial no hubieran acabado demasiado satisfechos.

En comparación, el número de viajeros españoles alojados en los hoteles de la ciudad, que también superó en 2017 a los de 2007, creció en 2018 en un 34,44%; y en 2019 respecto del año previo, en nada menos que un 53,15%.

Si se compara la evolución del número de viajeros alojados en los hoteles de una y otra ciudad en diciembre al reclamo, es de suponer, del alumbrado navideño y del programa complementario de actividades,  se observa claramente que Sevilla registra mucho mejores datos que Vigo hasta el año 2015, justo el primero del mandato de Espadas, con una ganancia acumulada de viajeros hasta entonces del 38,37%,  frente a una caída acumulada del 14,7% de Vigo.

El año de inflexión es 2016, cuando a golpe de millones de luces LED y de la conversión de la ceremonia del alumbrado en un espectáculo, el alcalde de Vigo consigue por fin que la afluencia de viajeros se dispare en un 22,12%. Entre ese año y 2019, el previo al Covid, es decir en tan sólo un cuatrienio el incremento acumulado es del 102,52%, frente a un 18,95% de Sevilla. Vigo, pues, le acaba ganando la carrera turística (proporcionalmente) de la Navidad a Sevilla.

Independientemente del coste económico y ecológico, como en el caso de Málaga con su apuesta por la cultura y los museos, Abel Caballero ha demostrado también al resto de alcaldes que una estrategia sostenida a largo plazo acaba rindiendo sus frutos a partir del decenio. Se propuso en 2007 que una ciudad desconocida en tal ámbito fuera identificada con la Navidad y hoy ésa es justamente la imagen y la marca de la ciudad gallega, la primera en la que se piensa cuando llegan estas fechas.

Abel Caballero ha acabado consiguiendo lo que intentó Zoido en Sevilla también a base de dinero, pero en su caso sin “mapping”: que Vigo sea conocida como “la ciudad donde se siente la Navidad”.

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