Votos de sangre

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A Teresa, Consuelo, Mapi, Maite, Mar, Pilar y tantas otras vestales de la memoria.

Quién recogería aquellas flores que se quedaron desparramadas por el pavimento. Las que a la mañana siguiente debían llevar al colegio unos niños que dormían sin saber que se acababan de quedar huérfanos. Esta madrugada ha hecho veinticuatro años sin que el paso del tiempo logre poner consuelo a la ausencia de Ascensión y Alberto. Que olvide el que pueda olvidar, el que esté dispuesto a vivir sobre el desdén a la memoria de los muertos. Y que perdone el que quiera perdonar en su fuero interno. Pero la justicia ha de cumplirse como una mínima reparación del sufrimiento. Porque es lo menos que la sociedad debe… Ver Más

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