Un paseo por la Historia

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Echar un vistazo atrás nos hace comprender a veces en dónde estamos. Hasta hace una década, cada primavera los aficionados hacían cábalas sobre lo que iba a dar de sí la nueva temporada. Con más o menos ilusiones, que de todo ha habido en la historia del toreo en Cataluña. Hubo años en que la programación en la Monumental casi se hilvanaba desde los últimos festejos, ya entrados en el mes de noviembre, a los primeros todavía con los fríos de febrero.

Hubo también tiempos de orfandad, cuando el conflicto entre la propiedad de la plaza y sus gestores dejaron en blanco la temporada de hace justo un siglo. En 1922 no hubo toros en la Monumental, aunque Las Arenas y El Torín compensaron las ansias de los aficionados, que pudieron dar rienda suelta a su pasión. Si avanzamos en el calendario medio siglo, nos encontramos que para los primeros días de abril de 1972 se anunció a bombo y platillo una corrida de toros con Curro Romero, Rafael de Paula y un jovencísimo José Luis Galloso. Una tromba de agua suspendió el festejo que, en vista de la expectación despertada, se volvió a organizar para el 23 de abril. Las ganas de ver a los artistas no pasaron desapercibidas para la empresa de la plaza que no dudó en aplicar otros precios, más altos, claro esta. De lo que ocurrió en el ruedo, apenas nada para el recuerdo; el percance de Curro que obligó a Paula a lidiar tres toros entre el sí y el no, y la lucha del joven por abrirse paso entre dos mitos.

En 1997, un cuarto de siglo atrás, el cerco nacionalista ya había comenzado a surtir efectos, luces y sombras en la gestión de la plaza. Grandes acontecimientos y travesías del desierto que desconcertaban más que ayudaban de cara al futuro. En aquella primavera Ortega Cano firmó una de sus cumbres y abrió la puerta grande. La misma que ahora cierran candados de incomprensión y miedo

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