Un manojo de giraldas para Carlos Amigo

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Sólo se saben dos o tres cosas del cielo a ciencia cierta, pero una de ellas ahora es que allí arriba hay una giralda que mandó construir Dios en la plaza de los domingos. Lo sé porque Carlos Amigo no se habría muerto tranquilo si no hubiese una allá donde iba. Una giralda recta y larga, dorada como un ciprés, hermana de la de Sevilla y de la de Rioseco.

Hay tipos que buscan la sombra de un sauce o de un magnolio y tipos que buscan la sombra de una giralda toda la vida. Y así fue la de Carlos Amigo, de Rioseco a Sevilla y después al cielo con él… porque un cardenal de la capital hispalense no… Ver Más

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