Sube por primera vez a escena la ‘fábula’ de Delibes que reflexiona «sobre un mundo paralizado por la desigualdad»

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‘La hoja roja’, ‘Las guerras de nuestros antepasados’, ‘Señora de rojo sobre fondo gris’ y ‘Cinco horas con Mario’ son las cuatro novelas de Miguel Delibes que desde los 70 hasta hoy habían recalado en el escenario. De ellas, la que mayor ‘vida’ ha tenido sobre las tablas es, sin duda, el montaje del que hace escasamente dos meses se despedía su actriz fetiche, la vallisoletana Lola Herrera. Nadie se había atrevido a ‘meterse’ con el que probablemente es el texto de Delibes que más reposa en el imaginario colectivo, debido en parte a la genial adaptación cinematográfica que hizo de él Mario Camus.

«Es sorprendente que se haya tardado tanto. ‘Los santos inocentes’ es una novela muy propicia para el lenguaje escénico», reflexionó ayer al respecto Javier Hernández-Simón, responsable de esta adaptación teatral junto al desaparecido Fernando Marías y también director de este «valiente» montaje, que ha unido cerca de una decena de productoras, con Producción Escénica y Teatro del Nómada al frente.

Lo hacía en Valladolid un día antes de enfrentarse a su estreno absoluto en el Teatro Calderón. El primer comentario era obligado: «Tanto para Fernando como para mí el reto de llevar a las tablas una novela tan infinita ha sido un desafío y una preciosa alegría en la que todo el equipo hemos disfrutado». Con las mimbres de «ser muy leales a lo que Delibes escribió y a las enseñanzas de la novela», Javier Hernández-Simón y Fernando Marías tejieron un «espectáculo propio, que no es copia de nada». Un trabajo que realizaron con otro pensamiento en mente además de la propia lealtad, que tuviera «una personalidad propia».

De ello se ha encargado «un elenco de un talento prodigioso», entre los que citó a los intérpretes Javier Gutiérrez, Pepa Pedroche y Jacobo Dicenta, que ayer arroparon al director en la presentación de esta producción junto al resto del equipo actoral.

«Me he sentido apabullado»
«Nos presentamos en este estreno sin ningún complejo de inferioridad», subrayó el premiado actor Javier Gutiérrez, que sube a escena como ‘Paco el bajo’, papel que llevó a la gran pantalla Alfredo Landa, en quien confesó que se había inspirado: «No es una copia, pero sí hay de él una esencia…». De si trabajo admitió que no le había resultado «nada fácil lidiar con un lenguaje tan rico y endiabladamente difícil en el escenario»: «Me he sentido apabullado a nivel de textos como el Shakespeare».

Para Pepa Pedroche (‘Régula’), Javier y Fernando han sabido construir a partir del «mundo infinito» que propone la novela «la vida» de cada uno de los personajes que «están debajo» de sus páginas con el fin de reflejar «esa vida mísera, en busca de la felicidad que nunca llega o sí…». Por su parte, Jacobo Dicenta (‘Señorito Iván’) apuntó que el suyo es «uno de los personajes más oscuros» a los que se ha enfrentado: «No tenía por donde agarrarlo. Es un mutilador de mierda tanto de la naturaleza como del ser humano». Consideró también en este sentido que el director les «ha obligado a hacer un viaje por el alambre», donde lo principal era el vértigo». Aún así, y pese al «largo proceso», «todo está controlado», bromeó.

Una advertencia de cara al futuro
Versión y escenificación es en esta primera adaptación teatral de ‘Los santos inocentes’ un trabajo «muy íntimamente relacionado» con la idea de hacer ahínco, también de una forma simbólica sobre las tablas, en «esa contradicción entre las normativas sociales y las normas naturales» que refleja la novela, en la que el mundo natural «está paralizado por una sociedad desigual donde la injusticia y la opresión están a la orden del día», explicó su director.

HERAS
En este sentido, coincidieron también todos en la vigencia del texto: «No podemos pensar que lo que nos cuenta Delibes es algo del pasado. Probablemente es una advertencia de cara al futuro», reflexionó al respecto Javier Hernández-Simón, para quien esta ‘fábula’ del escritor vallisoletano «nos invita a dialogar sobre quienes queremos ser como sociedad e individuos».

Un tratado sobre la importancia de la educación
Para el responsable del montaje, no es el único poso que deja la obra: «Fernando y yo siempre creímos que en la novela se habla sobre la falta de libertad, y en ese aspecto Delibes nos presenta un tratado sobre la importancia de la educación como cimiento de un pensamiento crítico, de una libertad invidual y social».

«Habla de una desigualdad entre clases, una brecha que sigue existiendo pese a que los tiempos han cambiado, pues todavía está ese pie que pisa el cuello del de abajo», puntualizó Javier Gutiérrez, quien confesó que le hubiera «encantado» que en su época de estudiante le hubieran llevado a ver un montaje como éste, porque «ayuda» no solo a comprender el arte escénico «sino a entendernos como país».

Con ese objetivo girará, una vez concluidas sus tres funciones en el Teatro Calderón (viernes, sábado y domingo, a las 19.30 horas), por más de un centenar de escenarios con los que ya se han comprometido.

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