Roger y Francisco

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Fui uno de los miles de jóvenes que estuvieron en Taizé en la Semana Santa de 1974. Por las tardes, apenas cabíamos en la nave en la que el hermano Roger predicaba la fraternidad en lo que entonces se llamaba una comunidad ecuménica que reunía a católicos, protestantes y ortodoxos. Viajé en autobús desde Burgos con gente de mi edad y recuerdo que acampamos en el Prado del Silencio, un lugar donde no se podía hablar, lo que me convenía para leer las ‘Meditaciones metafísicas’ de Descartes en las que estaba enfrascado.

Me impresionó mucho la personalidad del hermano Roger, un hombre austero y sencillo, cuyas palabras destilaban bondad. Parecía un ser muy frágil, pero no lo era. Había nacido en… Ver Más

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