Réquiem por la picaresca

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El muy…, rellenen al gusto la línea de puntos, se daba una maña envidiable con el alfiler. Lo unía con un mechero al extremo de un Bic y, punzón artesanal en mano, cincelaba los corvinas como un Miguel Ángel del copieteo. Las horas que yo empleaba en memorizar los apuntes de Sociales o de Filosofía las dedicaba Pepo a trasladarlos a la superficie anaranjada y plana de aquellos bolis, perfectos para pasar con buena nota el examen del Gorgojo. Ahora que no me ve y no sé si me lee, confieso que a mi carnal le envidiaba que no fuera miope como yo y sí mucho más paciente, arrojado y habilidoso. Es cierto que nunca entendí por qué se deslomaba… Ver Más

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