Paula Badosa se estrena en Madrid, donde comenzó todo

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Se presenta Paula Badosa en Madrid con una sonrisa y algo de frío, fresco el ambiente porque ha llovido por la mañana y la Caja Mágica todavía no ha cogido el calor de la primavera tenística. Pide un jerséy y se enfrenta a la prensa nacional e internacional que ansía saber cómo llega la número 2 del mundo al torneo que supuso el despegue definitivo de su carrera hacia la élite. Es, además, la cabeza de serie número 1 tras la baja de Iga Swiatek.

Hace un año, la española era 62 del mundo y recibió una invitación para disputar el cuadro final del Mutua Madrid Open y la aprovechó de la mejor forma posible: semifinales (cayó contra Ashleigh Barty), la primera raqueta nacional del cuadro femenino que alcanzaba esta ronda, y la convicción de que podía jugarle de tú a tú a las mejores del planeta. Porque ya era una de ellas. «Este torneo me empujó mucho. Me dio ese extra de confianza para acabar de creer en mí. Dos semanas antes me ayudó mucho jugar y ganar a Ashleigh Barty. Me dio el plus mental de que podía ganar a cualquiera si podía ganar a la número 1. No sé si es verdad o mentira, pero mentalmente te lo crees. Y venir aquí, haciéndolo bien en casa, con toda la presión que supone, me dio un empujón y mucha confianza. Aquí empezó a ir para arriba mi carrera«.

Se acordó, claro, de aquellas incursiones en las rondas previas en las que la tensión acalambraba su cuerpo y era incapaz de desplegar su mejor versión. También, claro, estaba en plena reconstrucción de aquella depresión por la que pasó en 2018 y 2019. Los focos habían girado hacia ella cuando ganó Roland Garros júnior y acabaron por deslumbrarla. «Una pequeña parte de mí siempre ha creído que podría conseguirlo. He pasado procesos muy duros y en ese momento no veía nada. Pero siempre he soñado a lo grande y me ha ayudado mucho y me hace ser la tenista que soy: valiente y que le da igual la rival porque va a competir».

Palabras que ejemplifican que ya ha pasado aquella etapa y esta es una Paula Badosa experimentada, con una progresión tremenda en estos dos últimos cursos y que, analiza, todavía tiene que aprender a asimilar. «El mundo desde el puesto número 2 se ve diferente, jaja, muy diferente. Es totalmente distinto a estar 70. Estás mucho más expuesto, tienes la presión, juegas como favorita, las rivales también juegan más sueltas porque se supone que tienes que ganar tú, pero es una presión que…¡menudo problema! Es lo que siempre he soñado tener. Serena Williams dijo que la presión es un privilegio y estoy de acuerdo. Ahora tengo que aprender a gestionarlo porque en mi caso ha ido todo muy rápido. De un mes para otro estoy top ten, ahora 2 del mundo. Mentalmente es un paso que tengo que asimilar porque todo es un proceso».

Semifinalista del WTA 1.000 de Indian Wells, cuartofinalista en Miami y Charleston, volvió a quedarse a las puertas de la final esta pasada semana en Stuttgart (perdió contra Aryna Sabalenka por 7-6 (5) y 6-4). Pero ya estrenó vitrina en este 2022 con el título en el WTA 500 de Sídney. Y quiere hacerlo bien en Madrid, donde ya demostró que sabe manejarse de maravilla.

No obstante, la suerte le ha deparado un cuadro duro. Estreno este jueves 28 de abril contra Veronika Kudermetova, a quien ganó en los cuartos de final de Indian Wells en marzo, después de tres derrotas anteriores. «Es muy duro, me gustaría que fuera diferente. Desde el principio voy a tener partidos duros, es lo que me ha tocado. Me hubiese gustado tener un día o dos más de entrenamientos porque llegué hace unas 48 horas como quien dice y las condiciones de Madrid son muy diferentes a las de Stuttgart. Pero hay que adaptarse. Es lo que me ha tocado y estoy preparada. Vengo jugando muchos partidos y con muchas ganas de jugar en casa». Madrid también tiene ganas de Paula Badosa.

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