Nadal apaga los ímpetus de Berrettini y jugará la final del Abierto de Australia

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Rafael Nadal vive otro día de euforia, agarrado al tenis y a la superación personal, en su sexta final del Abierto de Australia. Emocionado tras doblegar a Matteo Berrettini por 6-3, 6-2, 3-6 y 6-3 tras casi tres horas de encuentro. El balear muestra de nuevo una capacidad infinita por ganarse otra oportunidad de seguir jugando al tenis tras una lesión de las que a pnto estuvo de sacarlo del circuito, y de escribir otra línea de historia. Solo le queda un paso, el de la final, contra Stefanos Tsitsipas o Daniil Medvedev, de conquistar su Grand Slam número 21. Otra galaxia.

Así hemos narrado el partido

Techo cerrado porque del calor y la humedad se ha pasado a la lluvia en Melbourne, Rafael Nadal se obligó a adaptarse a una bola más lenta y a unas condiciones algo más plomizas, pero al balear le sobran recursos para cualquier tipo de circunstancias. Y mostró su cara más centrada, más líder de un grupo de tenistas al que todavía le va grande la empresa de superar al balear: Shapovalov lo intentó apoyado en su enérgido tenis y un golpe de calor, Berrettini ni siquiera pudo afearle un partido preciso más allá del tercer set. Con esta son ya seis finales en Australia, veintinueve de Grand Slam, 499 triunfos en pista rápida, frente a un tenista, 7 del mundo, que todavía está en crecimiento, tercera semifinal de un grande, apenas un centenar de partidos en esta superficie con 54 victorias y 41 derrotas. Un abismo de recursos y trucos entre uno y otro.

Aprovechó uno de ellos Nadal, pensar cómo piensa el rival, estudiar sus puntos débiles con solo un par de intercambios, encontrando antes que el italiano el lugar donde este apuntaría en golpes a media pista. Percutió el balear con su derecha cruzada hacia el revés de Berrettini, menos seguro con ese golpe y mucho menos peligroso. Leyó con grandes aciertos los lugares a los que el 7 del mundo estaría seguro para golpear en las pelotas a media pista. Llevó el partido a su terreno ante el aparente desconcierto inicial del italiano, incapaz de hacer cosquillas al español, 3-0 con buen servicio y estrategia fijada en el lado más débil del rival. No llegó más resistencia del lado de Berrettini que obligar a Nadal a conseguir el set a la quinta bola de set, después de forzar el deuce. Cómodo el español en un primer parcial que siempre estuvo bajo su mando.

Se tocaba Berrettini la gorra en la entrada del segundo set. Las piernas de Nadal iban al doble de revoluciones que las suyas, también las ideas, también la mano. Imposible en esas circunstancias hacer suyo el ritmo y el juego, ni siquiera los puntos que comenzaba dominando o sacando. Break de inicio para el balear, que se fue haciendo más y más grande mientras se empequeñecía el italiano, enmarañado en un revés que no era capaz de descifrar el efecto de las derechas rivales, atascado en esa esquina sin poder sacar su propia derecha a pasear. El plan funcionaba para el español: evitar el saque y derecha de Berrettini, martillear el revés, aprovecharse de los errores ajenos, de la cada vez más perdida fe del oponente. Rápido, firme, seguro, cómodo. Nadal en estado líder.

Berrettini no encontraba soluciones, atorado y lento en las respuestas a las preguntas que le ofrecía Nadal, gestos contrariados al palco, porque ni siquiera en los grandes puntos que él comandaba había buen resultado al final. O porque había fallos fruto de las dudas, de la incredulidad de saberse incapaz de hacer daño o porque siempre, siempre estaba ahí Nadal. Donde el siete del mundo apuntaba con cierta saña, con toda la fe de la que era capaz, para redoblar la velocidad de la pelota y volverla en su contra, y en ángulos y zonas de la pista inalcanzables.

Al balear ni siquiera se lo vio exigido, seguro siempre en sus golpes, abriendo pista con el revés, mortificando con su derecha; cinco errores no forzados en la primera manga, dos en la segunda.

Capaz el español de aumentar el nivel si el rival se lo requería, aunque tardó mucho en necesitar el recurso.

Reacción de Berrettini
A Berrettini se le aplaudió que nunca perdió la cordura ni las formas, a pesar de sentirse perdido en dos horas de encuentro. Solo un par de puños pudo sacar en las dos primeras mangas, así estaba el partido, poco dado a las celebraciones en su palco. Su gran saque solo comenzó a ser efectivo en el inicio del tercer set, por primera vez el italiano por delante en el marcador. “Dai” (Vamos, en italiano) al aire y cierta reestructuración mental. Última oportunidad para demostrar que si había llegado a la tercera semifinal de un Grand Slam no era por suerte, sino por tenis y convicción. Creyó más el italiano. Derechas por fin letales, suelto en los intercambios, otra cara. Más acorde a lo que requería la prueba.

Nadal enseguida entendió que todo lo que le había servido en los dos primeros sets no iba a ser suficiente ante esta nueva versión del italiano. Obligado a buscar más recursos de su chistera, se refugió en sus servicios y sacó la paciencia a jugar. Saques directos para solventar los momentos de tensión. Berrettini cogió la batuta en los intercambios, cuatro juegos de saque en blanco.

Pero, enfrente, Nadal. Y poco más difícil que ganar al balear. En el octavo juego, en el límite, volvió a sufrir Berrettini, al que le faltan todavía unas cuantas experiencias de este tipo. De cuatro juegos sin tener oposición, al quinto, su servicio tembló. Levantó una opción de rotura del español, pero no la segunda, ambas por dos errores con su derecha.

5-3 y saque para Nadal. Consciente del premio al final de este juego, una doble falta lo traicionó al principio. Soluciones Nadal: saque y volea impecable para empatar. Error de Berrettini en la siguiente derecha. Otro error para dibujar sonrisa en el 5 del mundo. «Da igual si el techo estaba cerrado y había más ruido. Hace mes y medio no sabía si podría volver al circuito», concedía el balear en su discurso de campeón, otra sonrisa de alivio, de felicidad, de otra gran final.

233 partidos ganados cuando se lleva los dos primeros sets. 21 en semifinales de un grande. Sexta final del Abierto de Australia. Vigésimo novena en un Grand Slam. A un solo paso de levantar el título 21 de los grandes, a un solo paso de entrar en otra galaxia.

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