«Mis padres me inculcaron el civismo, la disciplina, la educación y la convivencia para amar y respetar mi patria»

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«¡Ojo, lluvia!», tuvo que pensar este martes más de un asistente a la toma de posesión del nuevo jefe del Sector de Tráfico de la Guardia Civil en Castilla-La Mancha, el teniente coronel Francisco Herrero Quevedo. Fue un día desapacible en Toledo, pero las nubes se aguantaron, quizá por un respeto benemérito, a que el protagonista y su superior terminaran los discursos en la comandancia y se llevase también a cabo el siempre emotivo homenaje a los fallecidos.

Herrero, que lleva en realidad desde primeros de enero en el puesto, juró su nuevo cargo delante de un crucifijo colocado sobre una mesa. Y, en sus últimas palabras, terminó invocando a la Virgen del Pilar, patrona del cuerpo. «Que ella me dé fuerzas y el temple necesario para cumplir de forma ejemplar mi deber al frente del Sector de Castilla-La Mancha», deseó.

Cerró su discurso con ese anhelo después de catorce minutos. En este tiempo manifestó su convencimiento en reducir la siniestralidad en la región y su esperanza en «no defraudar nunca y estar a la altura de la exigencia profesional». También dijo que será un ejemplo «constante» de disciplina y liderazgo, además de guardar obediencia, fidelidad y lealdad a sus mandos «como buen guardia civil, militar y español de bien».

Hijo del cuerpo, Herrero nació en el hospital militar Gómez Ulla, en Madrid, y se crió entre los puestos toledanos de Navamorcuende y Argés, y la comandancia en la capital de la provincia. «Fue en este patio y alrededores del acuartelamiento mis primeras travesuras, juegos y amistades, lo que influyó para ser guardia civil», desveló.

En este acto castrense amenazado por la lluvia, se acordó también de sus padres. «Me inculcaron los valores de civismo, disciplina, educación y convivencia para amar y respetar a mi patria. Ese ideario ha constituido en gran parte la cimentación de mi carrera profesional».

En 1970, su padre fue destinado al colegio de Guardias Jóvenes de Valdemoro, donde ingresó el 6 de septiembre de 1979, «con tan solo 15 años». Un nuevo ‘polilla’, apelativo con el que se conoce a los alumnos de ese centro, donde se formó durante cuatro «largos y duros» años.

Tuvo palabras para su esposa, Loli, igualmente hija del cuerpo. «Bien conoces la dureza, el sacrificio y el desvelo que supone cada día compartir la vida con un guardia civil. Sabes cuándo salgo de servicio, pero nunca cuándo vuelvo», dijo públicamente a su pareja, a quien siempre ha respondido -reconoció- con la misma expresión: «Mi primera prioridad es la Guardia Civil».

Citó a compañeros de su promoción, la número 63, y fue precisamente uno de ellos -el comandante Tomás López Pinel- quien le entregó el mando de su nuevo puesto después de 39 años en activo y doce destinos.

Su experiencia con la Agrupación de Tráfico comenzó en 2000 al mando del destacamento de Arganda (Madrid), donde permaneció doce años. «La red de carreteras del Estado no permitía las alternativas de hoy y fueron muchas horas de servicio en la carretera», expresó en otro momento. Aunque tuvo la colaboración, entre otros, de José Luis Chica (director de Centro de Gestión de la DGT) y el comandante Seco.

Luego, en 2011, llegó al Subsector de Guadalajara. Fue su primer contacto profesional con Castilla-La Mancha y permaneció en el puesto algo más de seis años, con el «privilegio» de contar con la experiencia profesional de Francisco de las Salas como jefe provincial de Tráfico, entre otras personas que citó.

Siete años después, en 2018, pasó por el Sector de Madrid y, después de tres años, ha regresado a las tierras de Don Quijote: 20.000 kilómetros de carreteras, 919 municipios y un catálogo de 913 efectivos, desplegados en 27 unidades. «A todos mis guardias civiles: nunca olvidéis que somos servidores públicos y nos debemos a nuestros ciudadanos; los mismos que cada año nos colocan con su humilde opinión como una de las instituciones más valoradas», les recordó.

Fue el jefe de la Agrupación de Tráfico de la Guardia Civil, el general de división José Ignacio Criado, quien dedicó unas palabras desde el atril a Francisco Herrero. «Muchos fueron los llamados, pero tú fuiste el elegido», dijo al nuevo jefe del Sector de Tráfico de Castilla-La Mancha, al que se dirigió con el hipocorístico de Paco. «Veintidós años pilotando ininterrumpidamente unidades operativas de la Agrupación de Tráfico son elementos que avalan sobradamente el nombramiento y la selección entre otros candidatos», le elogió Criado. Y le aventuró que «no tendrás grandes dificultades en el ejercicio de este nuevo reto».

También le puso tarea. «Tengo mucho interés -dijo, dirigiéndose a él- en que focalicemos todos nuestros servicios en las víctimas de los siniestros viales y sus familias», además de potenciar la imagen y la «visualización» de los agentes a los usuarios. Y un tener mandato: «Dedicar una parte importante de tu esfuerzo a integrarte en los grupos de planificación y de estudio de los planes de emergencia. Tengo mucho interés en que participes de forma activa en los órganos de planeamiento y coordinación».

Después de esas palabras, Criado aligeró acertadamente su discurso y evitó de esa forma que el público en general se mojara por la lluvia, algo a lo que están acostumbrados los agentes de las agrupaciones de Tráfico.

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