Los peligros de la concentración bancaria

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Los últimos datos sobre evaluación de riesgos entre empresas arrojan un escenario preocupante en el marco comunitario europeo. Tal y como recoge la última encuesta de la Autoridad Bancaria Europea (EBA, por sus siglas en inglés), elaborada en otoño de 2021, casi el 60% de los bancos considera o ha considerado en algún momento iniciar un proceso de fusión o adquisición.

Estos datos no solo hacen sonar alarmas por sí mismos, sino que, al compararlos con años anteriores, puede apreciarse una tendencia negativa. Si bien en el mismo periodo de 2020 el tanto por ciento de bancos que se planteaban la posibilidad de fusiones o adquisiciones era del 55%, en 2019, antes de la irrupción de la pandemia, la cifra se situaba por debajo del 30%, ya que consideraban que este tipo de movimientos no tendrían impacto alguno en su rentabilidad.

El avance de esta tendencia es muy preocupante para el futuro a corto y medio plazo del sector bancario en España ¿El motivo? La concentración bancaria, tal y como nos ha demostrado la historia, es siempre perjudicial para los consumidores y empresas.

Cualquier mercado, independientemente de su tipología, debería contar siempre con el número suficiente de operadores para la existencia de una justa y necesaria competencia. La reducción de operadores activos está estrechamente ligada con esta cuestión, ya que, con el tiempo, deriva en un incremento de los precios para los clientes, tanto individuos como empresas.

En la encuesta de la EBA se recogieron respuestas no solo de grandes entidades de los principales países europeos, sino también de bancos punteros en España como el Santander, CaixaBank, BBVA, Sabadell o Bankinter. Los resultados de estas consultan reflejan que las entidades ven en la fusión o adquisición una alternativa para mejorar su rentabilidad ante situaciones tan complejas como la actual pandemia del coronavirus.

Por el lado de los bancos, estos consideran que el principal freno para su consolidación es “la falta de oportunidades de negocio”, mientras que, de otro lado, tampoco podemos obviar la complejidad y requisitos de las medidas reguladoras, que desalientan cualquier proceso de concentración alguno.

Velar para que esto no suceda es responsabilidad de las autoridades públicas en materia de competencias. En el caso de la Unión Europea, el principal supervisor, es decir, el Banco Central Europeo (BCE), relajó a mediados de 2020, en pleno impacto inicial de la COVID-19, los requerimientos para fusiones y adquisiciones.

El gran cambió que entró en vigor fueron las exigencias de solvencia. Hasta entonces, se pedía únicamente la relativa al banco con mayor capital; sin embargo, con el nuevo marco normativo pasó a pedirse la media de ambas entidades involucradas en la operación.

Este nuevo ecosistema fue aprovechado principalmente por Italia y España, donde la unión de CaixaBank y Bankia en septiembre de 2020, que se terminó cerrando a lo largo de 2021, marcó el inicio de estas transacciones. Después le siguieron Unicaja y Liberbank, por un lado, y el fallido intento de BBVA y Sabadell, después, aunque en este caso no se descartan nuevas conversaciones en el futuro.

Dada esta situación, apelo a la responsabilidad de las autoridades públicas competentes para que velen por que en el sector bancario no se llegue al “quasi oligopolio” al que nos estamos aproximando.

En todas las industrias, ya sea en unas latitudes u otras, se han ido autorizando fusiones de empresas con el pretexto de que éstas se traducirían en una mejor y mayor competitividad y productividad de los operadores resultantes, que, a su vez, se traduciría en la posibilidad de ofrecer mejores precios a los consumidores.

Sin embargo, es importante recordar que, en todos los casos, sin excepción alguna, estas fusiones no han provocado una mejora de los precios para los consumidores, tal y como se prometía, sino que han culminado en un incremento del margen de la entidad resultante a través de la generación de sinergias e incremento de precios finales.

De cara al futuro, la propia EBA, en otra encuesta remitida en septiembre de 2021, afirma que el 80% de los bancos europeos prevé una mayor rentabilidad, sustentada en el aumento de ingresos por comisiones y la continuación de la reducción de gastos operativos. En definitiva, atendiendo a que los servicios bancarios son necesarios para el conjunto de la población -a diferencia de otros servicios o productos de los que los ciudadanos pueden prescindir- es especialmente importante limitar la concentración de bancos.

Jordi Solé Tuyá es director ejecutivo de Kreedit

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