Los Javieres recupera la iconografía de la calavera el Martes Santo

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El Cristo de las Almas de la hermandad de los Javieres recuperará para el próximo Martes Santo la iconografía de la calavera a los pies del crucificado de Azcárraga.

Ricardo Gil ha modelado en barro esta pieza con un profundo sentido simbólico y teológico, muy representativas tal y como apunta la corporación, en las representaciones artísticas del medievo, renacimiento y el barroco. Ejecutado a un tamaño levemente superior al habitual.

Simbología
Son los propios evangelios los que aportan la descripción del lugar del Calvario, ‘cargando con su cruz, salió hacia el lugar llamado Calvario, que en hebreo se llama Gólgota’ (Juan 19, 17; cfr. Mateo 27, 33; Lucas 23, 33; Marcos 15, 22). Otras versiones apuntan que Jesús ‘salió cargando su cruz al sitio llamado el Lugar de la Calavera, que en hebreo se dice Gólgota’. Para algunos investigadores se hace alusión a las rocas del lugar, con formas sinuosas recogidas en el arte occidental que tendrían esta forma. Otros apuntan que la palabra hebrea Gólgota en realidad es de origen arameo, y que en este idioma, también puede significar ‘rodar’, entonces el nombre seguramente alude a la forma redondeada del montículo.

La tradición más profunda, cargada de simbolismo y asentada desde el judaísmo, indicaba que en aquel lugar se habría enterrado, ni más ni menos, la calavera del mismo Adán. Noé le habría confiado el cráneo de Adán a su hijo Sem, lo que implicaría que antes Noé subió la calavera en el arca. Más tarde el cráneo habría pasado a Melquisedec, sacerdote y «rey de Salem, es decir, ‘rey de paz’, sin padre, ni madre, ni genealogía, sin comienzo de días, ni fin de vida, asemejado al Hijo de Dios, permanece sacerdote para siempre» (Hebreos 7, 2-3). Y Melquisedec habría colocado los huesos de Adán en el monte que después se llamaría Gólgota, pues era parte de su ciudad, Salem, que después se llamó Jebús y más tarde fue nombrada Jerusalén. La tradición cristiana heredaría aquella idea y la completaría con un significado profundo: la sangre de Cristo se derramaba sobre el recuerdo del primer hombre, la muerte triunfaba sobre el pecado, es más, el género humano se salvaba por la muerte de Jesús que acabaría en Resurrección, triunfando sobre la muerte terrenal, sobre el pecado original simbolizado en aquella calavera. Es el triunfo de la vida sobre la muerte y la redención del pecado de todos los hombres por la muerte de Cristo. Por eso fue representado como un símbolo muy habitual durante siglos de Arte cristiano.

En la evolución histórica de la representación de la crucifixión hubo unos siglos iniciales en los que se rehuyó la representación directa de la escena, apostándose mejor por representaciones simbólicas como el cordero, o incluso la cruz ya en tiempos de Constantino, pero sin la figura de Cristo. Habrá que esperar al siglo VI para que se asienten las primeras representaciones según el modelo que llega a nuestros días.

La iconografía del Calvario se complementaría todavía con la aportación de escritores medievales que aportaban una más compleja interpretación: la cruz de Cristo estaba hecha con la misma madera del Árbol del Conocimiento, del Paraíso terrenal. Un simbolismo que se aumentaba y se completaba y que se convertiría en habitual tanto en las representaciones pictóricas como escultóricas de los siglos posteriores.

Actualmente la peña o montículo del Calvario se encuentra en el interior de la basílica de Santo Sepulcro de Jerusalén; durante las excavaciones realizadas entre 1976 y 1978, se descubrió una de sus caras una cavidad que podría corresponder a aquella mítica cueva de Adán o gruta de los Tesoros, citada en la literatura apócrifa y medieval, y que podría ser uno de los lugares de culto más antiguos del cristianismo. El símbolo de la calavera, realizado por el joven y ya reconocido artista plástico Ricardo Gil, está realizado en barro cocido y policromado, con un tamaño levemente superior al natural y se situará a los pies del Crucificado de las Almas, una recuperación iconográfica perdida en la Semana Santa sevillana que insiste en el triunfo de la Vida y de la Cruz sobre la Muerte y sobre el pecado.

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