Los hijos y exnuera de la víctima creen que no hubiera abierto la puerta «a nadie con acento extranjero»

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Los hijos y la exnuera de María Aguña señalaron ayer la «obsesión» de la víctima con la seguridad, incluso con una alarma en el domicilio y doble cerradura. Todo ello porque había sido víctima de un intento de robo cuatro años antes. Además, consideraron que ella «no abriría la puerta nunca a nadie con acento extranjero» y remarcaron que su madre estaba bien de salud, con lo que desconocían que llevaba tenía un tratamiento del corazón, como señalaron los forenses.

Así lo aseguraron durante la tercera sesión del juicio por la muerte de Aguña, en la plaza Circular de Valladolid, en octubre de 2018, en el que se puso de manifiesto que casi todos los progenitores conocían a Rubén Alonso, presunto ideólogo de los hechos, por motivos laborales y por haber sido sus pacientes en la clínica odontológica en alguna ocasión.

Tras la declaración de los acusados, por la tarde reinició la testifical, tras un receso, el hijo de la víctima, Jesús Ángel Aragón Aguña, quien admitió que fue paciente de Alonso «cinco o seis veces», siempre a través de su expareja, Cristina Aguña, que era el que conocía a Rubén, si bien ella aseguró que «no tenía relación de amistad con él».

Los tres hijos y la nuera aseguraron conocer la existencia de la caja fuerte, empotrada detrás de la pared, detrás de unas cortinas, donde se guardaban grandes cantidades de dinero por motivos del negocio familiar. El día antes de los hechos, Jesús Ángel llevó de su casa 300.000 euros a la caja fuerte de su madre porque «no se fiaba de su mujer, Cristina», de la que aún no estaba separado, para por la tarde del mismo día volver a trasladarlas a su casa.

También, que se cercioraba muchas veces por la mirilla «incluso aunque conociera la voz de quien la visitaba», según explicó el hijo, quien recordó que el día de los hechos llamó al timbre porque estaba haciendo la compra en la Circular, pero su madre no abrió la puerta. «Pasaba el tiempo y a las 4 fuimos allí y nos encontramos la puerta arqueada, pero cerrada. La televisión estaba a todo volumen y llamamos a la policía. Y ya entramos y nos encontramos a mi madre fallecida», lamentó.

A preguntas del fiscal, sostuvo que «no había mucha gente que pudiera saber los detalles rutinarios de María en casa”, pero sí nombró a su expareja Cristina, algo que ella admitió después porque la víctima “la hacía sentir muy bien». De hecho, durante un tiempo vivieron en la misma vivienda que su madre y más tarde en el tercero del mismo edificio, tiempo en el que la relación de Jesús y Cristina con la madre de éste «era muy cercana», informa Ical.

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