Los datos que maneja Economía ya revelan una pérdida de confianza de consumidores y empresas

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La vicepresidenta primera del Gobierno, Nadia Calviño , dispone ya de información de primera mano sobre el giro a peor que se empieza a producir en la confianza de los agentes en la situación económica. La última oleada de datos incorporada a la síntesis de indicadores de la que se sirve el Ministerio de Asuntos Económicos para ilustrar el momento de la economía española ha aflorado un deterioro tanto del sentimiento general respecto al contexto económico como de la confianza de empresas y consumidores. El alentador dato de crecimiento en el segundo trimestre del año avanzado por el INE hace apenas unos días (1,1%), los datos de la última EPA , que aproximan el nivel de ocupación en España al de los mejores tiempos de la burbuja inmobiliaria con casi 20,5 millones de ocupados; y el buen tono mostrado asimismo por los últimos indicadores de actividad del sector servicios y de producción industrial parecen haber pesado menos en el ánimo de los actores económicos que la percepción de que las cosas van a ir a peor después del verano. Una cuestión de percepción Así lo señala la última actualización del Indicador de Sentimiento Económico , que por primera vez desde la pandemia augura que el desempeño de la economía va a ser peor que el de la media de las dos últimas décadas. Algo similar ha sucedido con el indicador que mide el nivel de confianza del sector industrial, también actualizado el pasado mes de julio, que se ha vuelto a situar en territorio negativo para el tercer trimestre de 2022 pese al positivo dato de producción industrial publicado ayer por el INE. Estadística mostró un crecimiento del 1,1% en el mes, que apuntaló un fuerte crecimiento interanual del 6,4%, insuficiente al parecer para sostener la confianza de las empresas del sector sobre la evolución futura del negocio. Ha podido influir en ello las sombrías expectativas que muestran los datos que llegan de Europa y también el extraordinario encarecimiento de las rúbricas más sensibles de la producción industrial, las asociadas a los procesos de fabricación de los materiales que las empresas utilizan después para facturar los productos que ofrecen al mercado, que presentan subidas de entre el 15% y el 30% desde que se inició el año y que están encareciendo sus procesos de producción. MÁS INFORMACIÓN Los economistas auguran que España entrará en recesión el próximo invierno Incluso dentro de la producción industrial se aprecian las primeras señales de pérdida de confianza. El buen dato de junio enmascara la caída de la producción de bienes duraderos, aquellos destinados al consumo sobre los que se tiene una expectativa de vida de al menos tres años (muebles, electrodomésticos, automóviles) y que exigen un mayor esfuerzo económico a los consumidores, y de los bienes intermedios, aquellos que se utilizan para producir nuevos efectos industriales y muy vinculados a las nuevas inversiones. Otros indicadores como el desplome de las matriculaciones de automóviles (-12,5%) y de los vehículos de carga (-14,1%) y el retroceso de las disponibilidades de bienes de equipo anuncian que algo se mueve en la industria en sentido negativo más allá de lo que reflejan las estadísticas. El indicador de confianza de los consumidores, en territorio negativo desde que la inflación empezó a hostigar sus bolsillos, ha empeorado un poco más de cara al tercer trimestre, trasladando el deterioro de las expectativas respecto a la duración del episodio inflacionista. La última encuesta a consumidores realizada por el Banco Central Europeo hace unas semanas y difundida este jueves revela que la percepción de los consumidores europeos es que la inflación va a mantenerse en niveles muy elevados durante más tiempo del que se preveía y que no será hasta dentro de tres años cuando se aproxime al nivel de equilibrio del 2% marcado por el BCE. La encuesta muestra, asimismo, que los consumidores dan por hecho que sus salarios no compensarán la pérdida de poder adquisitivo sufrida en el periodo y que no les quedará otra que adaptar sus patrones de consumo a la nueva situación. En otras palabras, que no les quedará otra que activar el ‘modo crisis’ y consumir menos. Y ése es el escenario que analistas e instituciones internacionales están empezando a trasladar a sus ejercicios de previsión: el de un repliegue del consumo que tendrá sus consecuencias sobre las expectativas de crecimiento de la economías desarrolladas. También lo está asumiendo el Gobierno , a juzgar por las últimas palabras de la vicepresidenta primera respecto a la situación económica en los próximos meses: «Hay que prepararse para lo peor, esperando que no suceda. Y en eso estamos».

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