Las naranjas de Fepamic

Comparte este post

Las naranjas son una de las señas de identidad de Córdoba. Las apreciadas naranjas del Palma del Río, la innovadora Tango de Eurosemillas o las naranjas amargas que engalanan el paisaje urbano. Las pintó Rafael Romero Barrios en el ‘Bodegón con naranjas
y flor de azahar’ y Julio Romero de Torres, su hijo, en el famoso cuadro ‘Naranjas y limones’. Invaden la poesía «cuando despunta el azahar como la sonrisa de la primavera en los naranjales agrios», escribirá Juan Bernier y se tornaron fraternales al enviar los agricultores de Córdoba veinte mil kilos de naranjas al hospital de Ifema en plena pandemia.

Las calles ornamentadas con naranjos, sin duda asombran, en cualquier estación, al visitante sorprendido por su gran número, la frondosidad perenne de sus hojas, la intensidad de su aroma y la vistosidad de los frutos, siempre patentes, incluso para el disfrute de nuestros acostumbrados sentidos. Estos árboles, «que envenenan las almas/con su olor de deseo», según Ricardo Molina, perfuman con flores la primavera y hermosean el invierno frío con llamativas naranjas, que necesitan ser recogidas antes de que caigan y yazcan en el suelo resbaladizas y peligrosas.

Y he aquí otra de sus bondades. La Federación Provincial de Personas con Discapacidad Física y Orgánica de Córdoba, (Fepamic) promueve programas que posibiliten la integración de estas personas. A través del servicio de formación y empleabilidad, busca entidades que aseguren su contratación y contribuyan, de esta manera, a su inserción laboral y social. La recogida de las naranjas de las calles se convierte en una oportunidad de empleo para personas con discapacidad y en riesgo de exclusión social, ya que Fepamic ha logrado, por tercer año, que le sea adjudicado el contrato público licitado por la empresa municipal de Saneamientos de Córdoba, Sadeco, para esta labor.

Varear, recoger, depositar en contenedores y trasladar el inmenso número de naranjas, fácil de imaginar y difícil de calcular, son las tareas que se realizarán en setecientas calles de la ciudad, para después ser convertidas en compost o en mermelada. Ello supone que cien personas accederán a un empleo, combatiendo la desigualdad y los prejuicios sobre ellas, sin condiciones precarias, disfrutando de la igualdad de oportunidades, haciendo a nuestra sociedad más justa y sin descartes de aquellos que son medidos con falsos criterios de eficiencia.

Quizás te interese...

A %d blogueros les gusta esto: