Las cinco letras de su nombre

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Ofrecerá sus manos para regalar consuelo y llenar los huecos donde la ausencia se materializa, acogiendo en su seno ya en la Gloria eterna a los que se llevó la enfermedad. Porque no hay páginas suficientes en este ABC que tiene usted en sus manos para contar tantos dramas, tantas familias truncadas, tantas despedidas en soledad y sin porqués, dejando el dolor desmayado y perdido sin reparación .

Su pañuelo enjugará el llanto de los que sufren el horror de la violencia y de la maldad en el más amplio y puro sentido de la palabra. Cuántos hay, desperdigados por los más diversos rincones de este mundo, acosados por el miedo, la intolerancia y la muerte indiscriminada, suplicando por una mano amiga, por el alto el fuego que no cesa y por la paz.

Su manto acogerá a los excluidos, a los que rechazamos y apartamos por nuestra vanidad y arrogancia desmedida. Y dará calor a los que duermen en la calle, a los que la vida trató mal y ahora se pasean, como fantasmas sin sombra, ajenos al ruido y sin atreverse a mirarnos a la cara. Qué paradoja, cuando somos nosotros los que deberíamos bajar la mirada por vergüenza porque no somos capaces de ver en el prójimo su necesidad de amor.

El brillo de sus lágrimas nos recordará que la vida es misión, comunión y camino. Y que a pesar de las fatalidades que, como arenas movedizas, nos quieren engullir en la desesperanza, siempre está ahí la certeza de que su Hijo jamás falla y siempre espera.

Las cinco letras de su nombre, número primo y primero del que fluye el Verbo, brillarán prendidas sobre su pecho, anunciando al mundo que ahí está Ella para saciar nuestra sed y abrir torrentes en los desiertos.

Cinco letras de su nombre eterno. Aguas benditas que desde hace 250 años alivian las gargantas de los despreciados que, como Ella, sólo pueden mirar al cielo en busca de la salvación. Aguas vivas que unen y promueven el encuentro, que nos envían a buscar la cruz y a acercarnos a Él en su sagrada Expiración. Aguas sosegadas que en las ramblas de nuestro corazón anegan los espacios infinitos que creíamos olvidados. Aguas silentes y ensordecedoras que retumban en nuestras conciencias como los tambores de paz. Aguas de plegarias y emociones postergadas. Aguas, que con sus cinco letras, vuelven a llenar de vida un Lunes Santo en el Museo.

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