La ONU, todavía más cuestionada tras los horrores de Bucha

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El Consejo de Seguridad de la ONU celebró este martes su primera sesión desde que el mundo se asomó este fin de semana a los horrores de la invasión rusa de Ucrania en Bucha, la localidad al norte de Kiev en la que el repliegue de las tropas rusas han mostrado cadáveres ejecutados, fosas comunes y testimonios de abusos de los supervivientes. La sesión en el órgano de poder de la ONU fue un ejercicio de contrastes: la tibieza de los altos cargos de la organización internacional, la condena sin paliativos de EE.UU. y de sus socios y la realidad paralela que defendió Rusia, para la que todo es un «montaje». Una vez más, se constató la parálisis del Consejo de Seguridad de la ONU, diseñado después de la Segunda Guerra Mundial precisamente para evitar horrores como los de Bucha.

El más crítico con la organización internacional fue el invitado especial de la reunión: Volodímir Zelenski, presidente de Ucrania. «Es obvio que la institución mundial que debe evitar las agresiones a la paz no actúa con efectividad», criticó en una videoconferencia, después de casi seis semanas de agresión rusa, condenada por la ONU y por la mayoría de su Asamblea General, pero sin poder de actuación por el derecho de veto de Rusia en el Consejo de Seguridad.

Rebajar el poder de veto
Zelenski exigió que el Ejército ruso y quienes les dan las órdenes sean llevados «de inmediato ante la justicia por crímenes de guerra» y pidió un tribunal «similar al de Núremberg», en referencia al que juzgó a los líderes nazis tras la Segunda Guerra Mundial. Nada de eso ocurrirá en el actual sistema de relaciones internacionales.

«¿Estáis listos para cerrar la ONU?», inquirió a los quince miembros del Consejo de Seguridad y a la comunidad internacional, y exigió un proceso de reforma del sistema de la ONU que rebaje el poder de veto de las grandes potencias (algo que Rusia no quiere, pero tampoco los otros cinco países con ese derecho, comenzando por EE.UU.). Zelenski insistió en su propuesta, anunciada hace semanas, de una nueva organización internacional, con el nombre de U24, para la asistencia a países víctimas de agresión.

«Necesitamos que el Consejo de Seguridad tome decisiones para la paz en Ucrania», dijo, y defendió que las opciones son «expulsar a Rusia como agresor y provocador de la guerra» para que no pueda bloquear decisiones sobre su propia agresión o «reformar» la institución. «Si no hay alternativa, lo único que se puede hacer es disolverla por completo», dijo sobre la ONU, «si no hay nada que pueda hacer más allá de discutir asuntos».

Eso fue lo único que hizo el Consejo de Seguridad ayer, con la habitual pelea de bloques. Participó el secretario general de la ONU, con lenguaje tibio, sin condenas expresas a Rusia, de la que solo dijo que su invasión es una «violación de la Carta de la ONU». Pidió una «investigación independiente inmediata» de los horrores en Ucrania y lamentó la «división» en el Consejo de Seguridad para tratar las amenaza a la paz (en realidad, solo Rusia se opuso a una resolución a favor del cese de hostilidades).

Las mentiras rusas
La delegación rusa había prometido en la víspera presentar abundante pruebas para demostrar que las imágenes de Bucha son un montaje ucraniano, pero su embajador, Vasili Nebenzia, no añadió mucho más de lo que ya contó el día anterior en rueda de prensa: en esencia, y contra las evidencias gráficas y de testimonios, que no había cadáveres en las calles cuando se fueron los rusos de Bucha y que los ucranianos atacaron a civiles.

Sí anticipó, como todo el mundo espera, que haya «nuevas provocaciones» de Ucrania en el futuro (se espera que los mismo horrores registrados en Bucha aparezcan en otros frentes). «La tecnología hoy hace posible crear cualquier vídeo», deslizó, en una estrategia de desinformación clara: más que hacer creer algo, la desinformación busca que la sociedad no se crea nada.

Linda Thomas-Greenfield, embajadora de EE.UU., aseguró que no «dignificaría la propaganda rusa con una respuesta» y pidió el apoyo de la comunidad internacional para expulsar a Rusia del Consejo de Derechos Humanos de la ONU (algo con impacto poco más que simbólico).

Con más fuerza que nadie hablaron las imágenes de un vídeo que presentó Zelenski. Solo un minuto, suficiente para pegar un guantazo crudo a los burócratas de la ONU y a las delegaciones de los países miembros. Cadáveres calcinados, ejecuciones aparentes, fosas comunes, muertos en las puertas de sus casas, menores desnudos amontonados entre otros fallecidos… Un documento que retrata mejor que nada la incapacidad de actuación del Consejo de Seguridad.

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