La familia Benetton alienta una guerra de opas por Atlantia entre ACS y Blackstone

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Solo unas horas después de reconocer al mercado que estaba interesado en Atlantia, ACS se ha dado de bruces con el primer obstáculo de la operación. Y es uno de calado. El accionista mayoritario -con un 33,1% del capital social- del grupo italiano de infraestructuras, la familia Benetton, rechazó este jueves la propuesta del grupo dirigido por Florentino Pérez y reconoció públicamente que está negociando con Blackstone. Suenan tambores de guerra en torno a Atlantia, que se ha disparado un 6,87% en Bolsa.

El comunicado emitido por Edizione, el brazo industrial de los Benetton, está trufado de ataques a la oferta de la multinacional española de infraestructuras. Para empezar, asegura que su participación en Atlantia «tiene un carácter estratégico» y, por ello, pretende «seguir contribuyendo al desarrollo sostenible de su valor, manteniendo las raíces italianas de la empresa en el marco de un diseño industrial que realza el enfoque en infraestructuras de transporte».

Edizione explica además que la oferta de ACS, que se ha aliado con los fondos Global Infrastructure Partners (GIP) y Brookfield para asaltar el negocio de autopistas de Atlantia, llegó de forma «no solicitada» y ha sido rechazada. ¿Por qué? Porque contemplaba medidas como «la desinversión en Abertis y otras actividades en autopistas, conduciendo a una desintegración del grupo Atlantia». Elementos «estratégicos» para los Benetton. Edizione también reconoció que ha recibido del fondo Blackstone una oferta alternativa, aunque admitía que no se ha llegado a ningún acuerdo todavía.

La sonora respuesta del holding
se produce apenas unas horas después de que

ACS comunicase a la CNMV

que contaba con un acuerdo exclusivo con GIP y Brookfield por el cuál controlaría la mayoría del negocio de concesiones de autopistas de Atlantia si finalmente los fondos se hicieran con el gigante de las infraestructuras.

Abertis se ha convertido en la piedra angular del culebrón empresarial. En 2018, ACS y Atlantia acordaron repartirse la concesionaria de autopistas nacional de tal forma que la primera pasó a controlar un 50% menos una acción de la empresa (un 30% mediante una participación directa y un 20% menos una acción a través de su filial alemana, Hochtief) y la italiana, el otro 50%.

Abertis lastró las cuentas de ACS durante la pandemia por el desplome de la movilidad. Pero el año pasado se recuperó y cerró el ejercicio con unas ganancias de 117 millones de euros. Un resultado que ha reactivado el interés del grupo en su filial. De hecho, Pérez también pretende hacerse con el 20% que controla Hochtief para «simplificar» la estructura del grupo.

Para controlar el 50% restante tiene que pujar por Atlantia. El momento es idóneo y encaja dentro del plan estratégico de ACS, que vendió el año pasado una docena de filiales de servicios industriales -entre ellas, Cobra- por 5.000 millones a la francesa Vinci para centrarse en las concesiones.

Hace unos meses ya intentó sin éxito el asalto a Autostrade per l’Italia (ASPI), filial de autopistas de Atlantia que gestiona 3.000 kilómetros de peajes. Incluso llegó a presentar una oferta no vinculante por 10.000 millones de euros, pero la empresa finalmente fue comprada por un grupo inversor liderado por un prestamista respaldado por el Estado italiano.

Ahora todas las miradas se dirigen a Atlantia, que sigue siendo un gigante mundial en autopistas pese a contar con una deuda de 30.000 millones. Además del escollo de la familia Benetton, todo apunta a que el grupo de infraestructuras español deberá ganarse el apoyo del Estado italiano, que también vetó el intento de compra de Autostrade por parte precisamente de Abertis en 2006. Una década más tarde, más del 50% de la concesionaria española pasó a manos italianas.

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