«Hay que elogiar la labor de los padres de niños con dificultades de aprendizaje»

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Ángel Terrón, piscólogo y socio fundador de Educa-at, explica que las dificultades de aprendizaje que padecen muchos niños y adolescentes son aquellas que no les permiten la adquisición de conceptos lo que les impide ajustarse a las demandas de los cursos y, por ello, requieren un apoyo que no es el habitual en el resto del alumnado.

No duda en alabar en estas circunstancias, «la labor incansable de las familias, puesto que los padres tratan de suplir esas dificultades del aprendizaje sentándose cada día al lado de su hijo para tratar de focalizar en ellos la atención. Sin embargo, la situación de estos niños requiere una intervención más compleja de la que los progenitores intentan realizar».

Explica que no todos los estudiantes que suspenden tienen dificultades de aprendizaje, lo que ocurre es que, a veces, esa mala nota es el desencadenante que hace saltar la voz de alarma y por la que los niños acaban en el neurólogo. «Sin embargo, también hay chicos con dificultades atencionales que consiguen pasar de curso, pero sufren mucho en el proceso. Por este motivo, es muy importante que los colegios tengan criterios de sospecha porque, aunque la mayoría de estas dificultades se pueden detectar en casa, es en el colegio donde pasan un mayor número de horas. Pueden aprobar, sí, pero con muchas más dificultades. Deben saber que hay estrategias que les facilitan esta labor de estudio y concentración».

El problema, según este psicólogo, es que hubo una ley que establecía que estos estudiantes podían y debían tener una serie de medidas de apoyo implantadas en las aulas, «pero esta implantación es muy básica y no ayuda a solucionar el problema».

Añade que hay una gran variedad de dificultades que se engloban en algunos trastornos, como ocurre con la dislexia, o el déficit de atención con o sin hiperactividad —que es el más prevalente— que se se caracterizan por dificultades atencionales, inatención, impulsividad, hiperactividad…, aunque hay que cambiar el foco porque no todo alumno con tdah es hiperactivo como tradicionalmente se asume».

«Tenemos muchos chicos con grandes cualidades que están ensombrecidas por poner el foco solo en el ámbito educativo»

Lo esencial para ayudar a estos niños —según Ángel Terrón— es establecer un diagnóstico precoz. «Se debe lograr entre los 6 y 8 años, pero a veces, aunque por suerte cada vez menos, estas dificultades quedan ensombrecidas porque si el chico no tiene comportamientos disruptivos se apela a otras cuestiones como que no están bien educados o, si tiene buena capacidad intelectual, se les va pasando de curso. El problema de no tener un diagnóstico es que redunda en que tengan un muy bajo nivel anímico».

Reconoce que la autoestima es fundamental. «La dificultad fundamental que abordamos es la autoestima, no es el déficit de atención, ni la impulsividad, ni la hiperactividad, ni la dificultad lectoescritora. Por desgracia, la inmensa mayoría tiene baja autoestima. Tiene su lógica. Por la mañana no son capaces de aprovechar las clases y, por la tarde, no tienen herramientas adecuadas para un correcto procesamiento de la información. Eso les hace sentirse diferentes y lo achacan al tema intelectual. Cuando son pequeños no son capaces de entender que lo que ocurre, piensan que son menos inteligentes que el resto de sus compañeros cuando no es así. Pero, además, sufren alteraciones a nivel emocional y hay que trabajar el desarrollo de las emociones no solo desde la gestión, también desde la identificación, la expresión. Lo mismo ocurre con el aspecto madurativo porque, por ejemplo, el tdah conlleva cierto nivel de inmadurez que les hace tener dificultades a nivel social o que asumir responsabilidades les cueste más. Por todo ello, la dosis de paciencia con estos chicos debe ser mayor».

Mensaje para padres
El primer mensaje de este psicólogo para los padres es «que no se sientan culpables por no haber sabido diagnosticar antes lo que le pasa a su hijo o por creer que algunas pautas educativas le han podido influir, porque no tienen nada que ver. Eso sí, una vez que se tiene el diagnóstico, las pautas que se apliquen en el ámbito familiar sí van a ser importantes para su avance o retroceso». También recomienda a los progenitores que no intenten ser a la vez padres, profesores y psicólogos de sus hijos. Y, por último, que asuman que estos chicos necesitan mucho apoyo, pero no debe focalizarse todo en el ámbito educativo. Es decir, «que además del estudiante, y por encima del estudiante, está la persona. Tenemos muchos chicos con grandes cualidades que están ensombrecidas por poner el foco solo en el ámbito educativo».

Para ayudar a que los padres sean capaces de detectar estos problemas en sus hijos recomienda que presten atención a varias cuestiones básicas. «A nivel atencional deben fijarse en las primeras etapas de Primaria cómo no son capaces de aprovechar las clases con el daño que eso les supone porque no se ven al mismo nivel que sus compañeros. Y, por la tarde, no les sirve un estudio tradicional mediante lectura . Ese estudio les resulta frustrante porque en muchas ocasiones los padres se sientan con ellos y les explican la materia, pero las dificultades atencionales no permiten el procesamiento de esa formación. Esa es la situación fundamental que destapa que hay dificultades».

Ángel Terrón apunta la importancia de una correcta intervención interdisciplinar; es decir, una perfecta coordinación de todos los ámbitos de influencia de la vida del menor. Por ello, «la relación de los profesionales de la psicología con las familias tiene que ser muy estrecha porque los padres son los verdaderos líderes educativos y les tenemos que asesorar. También los centros educativos deben coordinarse con los padres».

Por su experiencia con estos menores, Ángel Terrón quiere lanzar un mensaje de ánimo en cuanto a la consecución de resultados. «Somos muy esperanzadores por los resultados que vamos viendo año tras año. Las dificultades de aprendizaje tienen mucha repercusión en muchos ámbitos, pero se pueden trabajar, y bien. Quizá el proceso terapéutico es a largo, pero los resultados se tienen que ver a corto plazo. Si el chico empieza a motivarse, a verse más capaz, a contar con herramientas eficaces para su estudio, para manejarse a nivel a nivel social, emocional…, influye para que tenga resultados a corto plazo porque son como esponjas. Cuando se dan cuenta de que las cosas empiezan a funcionar, los resultados se ven a corto plazo».

En cualquier caso, el socio fundador de Educa-at, insiste en que estos chicos «pueden y deben tener un desarrollo completamente normal, lo que pasa es que hay que potenciar en ellos unos mecanismos compensatorios que les ayude a superar sus dificultades».

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