Guardiola y Simeone, un duelo de manual

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El duelo de estilos entre Guardiola y Simeone no dejó ninguna genialidad táctica y deparó el partido que todo el mundo esperaba, uno en el que todos cumplieron con su papel. El triunfo se lo llevó el técnico local, pero a los puntos, sin poder avasallar, dejando la puerta abierta a la posible respuesta en la vuelta del argentino, que tampoco se marchó muy contrariado.

Los dos técnicos llegaron al partido con un atuendo idéntico, protegidos de la lluvia y el frío de Mánchester con el mismo abrigo largo de tono oscuro. Así se abrazaron al verse. También adoptaron un gesto muy similar mientras esperaban el pitido inicial en sus respectivos banquillos, con las manos entrelazadas y los codos apoyados en los muslos mientras tomaban conciencia del escenario. La única diferencia apreciable fue la señal de la cruz con la que el argentino recibió el inicio.

Apenas comenzó a rodar el balón ambos saltaron a la zona técnica y ya casi no volvieron a tomar asiento. En el duelo de aspavientos e indicaciones el entrenador visitante se mostró más volcánico, incapaz de sujetarse mientras estrechaba lazos con el cuarto árbitro. Guardiola, manos en los bolsillos, gesto más contenido, tampoco se cortaba a la hora de gritar alguna instrucción a alguno de sus jugadores.

En la pizarra, Guardiola intentó meter mano al Atlético colocando a Cancelo como un centrocampista más y acumulando jugadores en la banda derecha. Pero no fue por ahí por donde desniveló el juego. Simeone, capaz de recitar de memoria el manual de este tipo de partidos, respondió tejiendo dos líneas de cinco jugadores y volcando su escaso juego de ataque por ese mismo costado. «Son unos maestros de la defensa», reconocía después Guardiola. «En la prehistoria, ahora y en cien mil años atacar una formación 5-5 es muy difícil. Es que no hay espacio».

«Buscábamos hacer un partido cerrado e iremos a jugar con mucha humildad e ilusión a Madrid», respondía Simeone sobre su plan para este encuentro de ida. «Ellos han hecho 60 goles en este estadio en los últimos veinte partidos», decía alzando las cejas.

La ineficacia de su equipo durante toda la primera mitad llegó a desesperar a Guardiola, que volcó su frustración en un diálogo interminable con Juanma Lillo a la caza y captura de alguna idea brillante. La halló con la entrada al campo de Phil Foden, que apenas tardó dos minutos en dar la asistencia del gol con el que De Bruyne rompió el partido.

«Siempre hay que plantear algo mejor», terminó diciendo Simeone para explicar las opciones de su equipo en el Metropolitano. «Competiremos hasta donde nos dé». «Intuyo que va a ser un partido parecido al que hemos visto en los minutos después del gol», afirmó Guardiola, que sigue sin tenerlas todas consigo para alcanzar las semifinales: «Hemos ganado un partido, queda la vuelta y ya veremos».

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