Escaquearse

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ESE sublime instante cuando el férreo corsé del bienquedismo empieza a importarte tres bledos… Sientes que has alcanzado ese momento porque al fin descubres las prioridades o porque te lo pide el cuerpo, y lo saboreas con delectación de catador de vinos algo pitiminí. Durante años soporté almuerzos que no conducían a ningún puerto, como mucho embarrancaba en esas elásticas digestiones que ni siquiera permiten cierta modorra porque las entrañas andan alteradas como una asamblea estudiantil.

Para evitar los habituales compromisos que arrecian durante estas fechas, me dediqué a mentir. Y aprendí a mentir con notable soltura a la hora de inventar coartadas, disculpas. Como dice cierto personaje de Ellroy en ‘Jazz Blanco’, una de sus grandes novelas (en las últimas… Ver Más

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