Encantos y desencantos

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El día que Pablo Casado me pidió entrar en política se me mezclaron muchos sentimientos. Por una parte, dudas evidentes por entrar en un mundo que siempre había observado desde la barrera; y, por otro lado, esa ilusión de empezar un proyecto nuevo para servir a España. Nos movió el compromiso y la lealtad. No puedo hacer nada más que agradecer la confianza de Pablo en todo este camino, siempre voy a recordar esos ojos llenos de ilusión cuando hablamos por primera vez para construir una candidatura para frenar al independentismo. Lo conseguimos y eso siempre estará allí.

Más allá del agradecimiento personal, hemos visto en estas semanas de pésimo recuerdo para la familia popular situaciones que sorprenden. Quizá el político de toda la vida las digiere con normalidad, pero no así el ciudadano, ni este servidor. La impostura o la ligereza para encarar los cambios, movidos más por intereses personales que por los del partido, son algunos de los motivos del desprestigio de la política. No lo digo yo, lo dicen diferentes estudios. La política cambia muy rápido, los políticos van y vienen, y al fin y al cabo hay que mantener siempre la dignidad en defensa de nuestros valores. Esa rapidez para borrar fotos con unos y correr a hacerse la foto con otros es un signo más del desencanto de la política y dice mucho de los que lo hacen.

La política tiene que ser mucho más que buscar una foto, hay que pasar del postureo a la acción, que no es otra cosa que mejorar la vida de nuestros vecinos. Y eso es precisamente el objetivo de esta nueva etapa al frente del partido, hoy más que nunca (y a pesar de los que no le hacen bien a la política, que por suerte son minoría) hay que llegar cuanto antes a la Moncloa para sacar España del marasmo sanchista.

Josep Bou es presidente del PP en el Ayuntamiento de Barcelona

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