Elecciones en Andalucía

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Estamos aún inmersos en la resaca de las elecciones celebradas en Castilla y León. En los medios controlados por el gobierno -la tertulia de TVE 24 horas es un ejemplo- se ponía el acento en que Vox, sin duda el gran triunfador de esas elecciones al pasar de uno a trece procuradores, era el aliado necesario de los populares, que habían ganado las elecciones con mucho menos margen del que esperaban, todo para ocultar el varapalo que el PSOE de Sánchez había recibido. Vox es la extrema derecha pero no se debe olvidar que políticamente se sitúa a equidistancia de quienes son socios de Sánchez -más allá de los herederos políticos de los asesinos etarras y de los independentistas catalanes-, la extrema izquierda que representa Podemo
s.

El adelanto electoral en Castilla y León, aparte la supuesta moción de censura que, según Fernández Mañueco, estaba otra vez urdiendo Ciudadanos y que no está demostrada, formaba parte de un mal planteamiento diseñado por los estrategas de Génova, empeñados en demostrar que el triunfo en Madrid es obra del partido y no del extraordinario tirón de Ayuso. Esa estrategia les ha salido mal, aunque hayan ganado las elecciones y conseguido que el PSOE, después de la euforia que habían desatado los disparates demoscópicos de Tezanos -es un insulto que continúe al frente del CIS-, muerda el polvo al perder siete de sus treinta y cinco procuradores, un veinte por ciento. Esa estrategia fallida pasaba por un mejor resultado en las elecciones del domingo y a continuación repetir la jugada en Andalucía.

Moreno Bonilla, que siempre había abogado por agotar la legislatura, mostraba indicios de un posible adelanto electoral porque estaba respondiendo a esa estrategia de Génova, aprovechando que no había sacado adelante los presupuestos de 2022. Una situación que supone hacer frente a importantes dificultades, pero que no impide gobernar unos meses más. El fiasco estratégico en Castilla y León ha llevado a que, rápidamente, se haya cerrado en San Telmo cualquier posibilidad al adelanto de unas elecciones que tendrán que ser convocadas, necesariamente, en octubre. Se alude a la estabilidad del gobierno como razón fundamental para rechazar cualquier adelanto electoral. Pero lo que late en el fondo es el fracaso de una estrategia cuyo objetivo no es otro que llevar a Casado a la Moncloa.

El presidente de Andalucía, que se ha ganado a pulso una imagen de moderación y que ha revelado unas capacidades que no se le conocían, haría bien en no entrar en esos juegos estratégicos que buscan objetivos muy distintos a lo que esta tierra necesita. Sabe que es muy difícil alcanzar una mayoría suficiente para intentar un gobierno en solitario y que, en el horizonte electoral, Vox se perfila como el aliado necesario porque todo apunta a que Ciudadanos, no se puede afirmar hasta dónde, también va a desinflarse aquí.

El adelanto electoral que algunos esperaban para esta primavera se aleja definitivamente del panorama político andaluz. No será mala cosa que el gobierno aproveche los meses que le quedan hasta el otoño y que apuntan a una mejora de la actividad económica con la recuperación del turismo. Le completaría el panorama que lloviera y la sequía quedase atrás.

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