El rebrote de Ómicron en Shanghái escapa al control de las autoridades chinas

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Entre las muchas divisiones que cruzan el mundo, una de las más sustanciales es aquella que separa los lugares donde la pandemia ya no importa de otros en los que esta se antepone a todo lo demás. A este último lado queda, cada vez más aislada, China, cuya política de ‘Covid cero’ enfrenta la mayor amenaza hasta la fecha en el rebrote de Shanghái.

La variante Ómicron escapa al control gubernamental pese al confinamiento domiciliario de duración indefinida de sus 26 millones de habitantes. En las últimas 24 horas la ciudad ha reportado 19.928 nuevos casos, sexto máximo diario consecutivo. Sin embargo, apenas 322 han manifestado síntomas, un porcentaje inusualmente bajo que, como en días anteriores, reaviva las dudas sobre la veracidad de las cifras oficiales y sus criterios contables.

Las infecciones en Shanghái ya resultan equiparables a todas las registradas en el país desde el comienzo de la pandemia. La imposibilidad de conseguir alimentos, además, recrudece la angustia de sus residentes. «La ciudad cuenta con suficientes reservas de carne y arroz pero el problema está en su distribución», ha apuntado esta mañana en rueda de prensa el vicealcalde Chen Tong, quien se ha comprometido a reabrir algunos mercados y reforzar los envíos a domicilio para garantizar los suministros.

La carestía podría extenderse por el resto de China ante las restricciones impuestas en zonas agrícolas de las provincias septentrionales de Jilin, Liaoning y Heilongjiang. El impacto en la economía también resulta notable: el índice de actividad en manufactura y servicios elaborado por ‘Caixin’ marca estos días su cota más baja desde febrero de 2020.

Desprotección ciudadana
Entre la población de Shanghái inquieta la crueldad de algunas órdenes gubernamentales. En particular aquella que obliga a separar a padres de sus hijos, por pequeños que sean, si estos dan positivo. Las autoridades locales han suavizado la exigencia ante el descontento popular, permitiendo que los tutores de niños «con necesidades especiales» puedan acompañarlos. También la suerte de sus mascotas: el vídeo de un sanitario acabando a palazos con la vida del perro de un infectado se ha vuelto viral, evidenciando la desprotección de los ciudadanos.

En una reunión del Comité Municipal del Partido Comunista celebrada ayer, su máximo responsable, Li Qiang, avanzó que el Centro Nacional de Exhibiciones y Convenciones de Shanghái se transformará en un espacio de cuarentena –como muchos otros repartidos por la ciudad, a los que van a parar de manera obligatoria incluso pacientes sanos– con capacidad para 40.000 personas; por lo que la situación en la ciudad podría seguir empeorando. También aseguró que el Gobierno no relajará su política de «covid cero» que, tras salvar millones de vidas al comienzo de la pandemia, mantiene ahora al país atrapado sin remedio.

Factores como la baja tasa de vacunación entre ancianos, la inferior protección de las soluciones chinas en comparación con las occidentales y una reducida capacidad sanitaria alejan el regreso a la normalidad. También concurren, no obstante, motivos más propagandísticos que científicos: el Partido Comunista no puede revertir a la ligera una estrategia que ha convertido en prueba de la «superioridad» de su modelo político y fundamento de su legitimidad. Los ciudadanos de Shanghái, mientras tanto, comienzan a temer la prevención gubernamental más que al propio virus.

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