El Papa besa la bandera de Ucrania que recibió de Bucha: «No olvidemos al pueblo»

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Con un gesto que no sentará bien en Moscú, el Papa por sorpresa ha tomado en las manos una bandera de Ucrania y la ha mostrado desde el estrado de la gran sala de audiencias, antes de terminar el encuentro semanal con peregrinos. Francisco además ha lamentado «la impotencia de la ONU» ante este conflicto.

«Ayer desde Bucha me trajeron esta bandera…», ha dicho mostrando una bandera de Ucrania descolorida. «Esta bandera viene de la guerra, de esa ciudad martirizada, Bucha», ha explicado.

Ha dado a entender que se la trajeron ayer un grupo de siete niños de Ucrania que estaban en primera fila con sus madres, y a los que ha hecho subir a su lado. «Estos niños han tenido que escapar de su tierra hacia una tierra extraña», los ha señalado. Mirando sus rostros ha dicho: «este es uno de los frutos de la guerra. No los olvidemos y no olvidemos al pueblo ucraniano. Es duro ser erradicado de la propia tierra por la guerra».

La bandera tenía símbolos que evocaban probablemente un cuerpo de defensa formado por voluntarios, y evocaba las protestas de la plaza Maidan en Kiev contra Yanukovich en 2014.

Francisco se mostró muy preocupado por la situación de la guerra. «Las recientes noticias, en lugar de traer alivio y esperanza, dan fe de nuevas atrocidades, como la masacre de Bucha. La crueldad es cada vez más horrible, incluso contra civiles, mujeres y niños indefensos. Se trata de víctimas cuya sangre inocente clama al cielo e implora que se ponga fin a esta guerra, que se silencien las armas», ha clamado. «Que se pare de sembrar muerte y destrucción», ha pedido.

También ha hablado de la guerra en Ucrania durante la catequesis que había preparado para resumir los momentos más importantes de su reciente viaje exprés a Malta.

«Hoy en día se habla a menudo de ‘geopolítica’, pero desgraciadamente la lógica dominante es la de las estrategias de los Estados más poderosos para afirmar sus intereses ampliando su área de influencia económica, ideológica y militar. Lo estamos viendo ahora con la guerra», ha lamentado.

«Malta representa, en este marco, el derecho y la fuerza de las naciones pequeñas, pero ricas en historia y civilización, que deben perseguir otra lógica: la del respeto y la libertad, y también la lógica de la convivencia entre diferentes culturas, frente a la colonización de los más poderosos», ha dicho.

Y sobre esta colonización, ha añadido también pensando en la guerra en Ucrania: «Lo estamos viendo ahora, pero no solo en un lado, también en el otro».

«Después de la Segunda Guerra Mundial, se intentó sentar las bases de una nueva historia de la paz, pero desgraciadamente no aprendimos la vieja historia de la competencia entre grandes potencias. Y, en la actual guerra de Ucrania, somos testigos de la impotencia de las organizaciones de las Naciones Unidas», ha lamentado.

Migración en el Mediterráneo
El Papa ha reconocido que le impactó la visita a un centro de acogida de refugiados en Malta, donde pudo escuchar en primera persona historias de naufragios, torturas y de frustración por los lentos trámites de las solicitudes de asilo.

«No debemos cansarnos de escuchar sus testimonios, porque es la única manera de escapar de la visión distorsionada que a menudo circula en los medios de comunicación y de reconocer sus rostros, sus historias, sus heridas, sus sueños y sus esperanzas», ha pedido.

«Cada emigrante es único, no es un número, es único como cada uno de nosotros, una persona con su dignidad, sus raíces, su cultura», ha reclamado. «Cada uno de ellos es portador de una riqueza infinitamente mayor que los problemas que pueda acarrear su recepción», ha sugerido. «Por supuesto, hay que organizar la acogida, hay que gobernarla, y mucho antes, hay que planificarla juntos, a nivel internacional», ha reconocido.

Su propuesta es no afrontar la crisis migratoria en términos de emergencia sino de un modo estructurado y a largo plazo. «El fenómeno migratorio no puede reducirse a una emergencia. Debe leerse e interpretarse como un signo de nuestro tiempo y puede convertirse en un signo de conflicto, o en un signo de paz, depende de nosotros», ha asegurado.

«Aprendamos a superar la indiferencia y el miedo al otro, para construir sociedades basadas en la acogida y la solidaridad», ha concluido.

El Papa ha entrado caminando, y aunque cojeaba, se le veía un poco más aliviado del dolor de rodilla que durante este fin de semana en Malta.

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