El IPC subyacente, el nuevo quebradero de cabeza de los hogares españoles

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El último dato del Índice de Precios al Consumo (IPC), el adelantado correspondiente al mes de abril que se ha situado en un 8,4%, ha supuesto un respiro relativo tras varios meses de continuo avance de este indicador y se aleja de la temida cota del 10%. Sin embargo, el respiro es a medias porque l
a inflación subyacente sigue en ascenso y suma un punto más hasta el 4,4%. La cifra más elevada desde diciembre de 1995, si se confirma finalmente el dato. Es decir, anterior a nuestro ingreso en el euro. Pero, ¿qué es la inflación subyacente y por qué puede ser el nuevo quebradero de los hogares españoles?

Antes de nada el IPC base 2021, la versión actual tras los últimos cambios técnicos introducidos, es realizado por el Instituto Nacional de Estadística (INE) a partir de una cesta de la compra de 955 artículos (de los cuales 462 se toman recogiendo datos en los establecimientos físicos y el resto por el sistema informático del scanner data).

El denominado IPC subyacente excluye a los alimentos no elaborados y los productos energéticos, estos últimos son los elementos que más están tirando del índice general. En concreto, con datos de marzo, el precio de los productos energéticos se disparó un 18,2% por un 11,2% del grupo especial de alimentos sin elaboración. Viendo la relativa moderación del IPC general durante el mes pasado todo parecería señalar que también caería. Sin embargo, no ha sido así y suma alzas consecutivos desde el pasado mes de julio. La última de un punto. Esto demuestra que la subida de precios ya se ha extendido como una mancha de aceite por toda la economía. Además aumenta la presión sobre el BCE para cambiar de orientación la política monetaria y consumar la subida de tipos a partir del próximo verano.

También hará que más de uno se piense la propuesta lanzada hace dos días por el gobernador del Banco de España Pablo Hernández de Cos, Además, el gobernador resaltó que los compromisos de crecimientos salariales «deberían inspirarse en la inflación subyacente», es decir, aquella que no contabiliza ni los precios energéticos ni los alimentos frescos. En marzo, la inflación se situó en el 9,8%, máximos desde 1985, mientras que la subyacente se quedó en el 3,4%, según datos del Instituto Nacional de Estadística (INE).

En opinión de Gregorio Izquierdo, director del Instituto de Estudios Económicos (IEE), «estamos dejando atrás la parte más adversa, la situación de precios de marzo que fue histórica» y cree que es «muy importante» que el IPC general se aleje de estas cotas. A su juicio, «la inflación subyacente seguirá subiendo, ya que está más pegada a la parte de alimentación, que sigue reflejando la subida de precios». En esta línea, ha recordado que se trata de productos cuyo precio es más volátil y que «hay más posibilidades de que se revierta». Izquierdo también ha hablado de un cierto ‘efecto estadístico’. De por sí, ha apuntado que la inflación subyacente puede terminar el año «por debajo del 4%» y general alrededor de dicha cifra.

«La inflación subyacente es un indicador de los ingresos de las empresas y la general de los costes. A todo lo anterior, se le suma una demanda muy débil y un alto nivel de competencia», ha apuntado este experto quien cree que las empresas no han trasladado al consumidor todo el incremento de costes que están padeciendo: «Las subidas de los precios de las materias prmias y la energía son importadas», ha sostenido.

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