Cofrades de partido

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El día que me hagan presidente, desde aquí lo digo, decretaré la inmediata ilegalización de todas las juventudes de los partidos políticos. El que quiera carné, y sitio en unas listas electorales o en un puesto público, que termine primero sus estudios y/o presente un certificado laboral medio decente, ya sea de operario manual, de autónomo o de profesional liberal. Se empieza con el carné a los 15 años y se termina de Susana, no sé si me explico. El pase a la clandestinidad me parece lo mínimo para quien estima que sabe cómo gastarse el dinero de los demás sin saber primero cómo se gana el propio.

Dicho lo cual, me ha sorprendido doblemente que las Nuevas Generaciones peperas -seguro que con toda la buena voluntad- hayan organizado un Foro Cofrade mezclando política, el presupuesto público y el trabajo de las hermandades cordobesas. Como aquí están a la que saltan, ninguno de sus pares mayores, que deberían aportar sentido común a los desvelos juveniles, les han aclarado que hay cosas que no se deben mezclar. Una de ellas es la cosa de las cofradías y el funcionamiento intestino de los partidos. Lo que viene a ser el aparato.

Yo no entiendo mucho del tema cofrade porque dependo de lo que me cuenta Luis Miranda y los parroquianos de la Taberna Santi del Realejo, que es donde acaban todas las juntas de gobierno de una zona en la que abundan parroquias y hermandades. Pero me da que hay cofrades de la Esperanza, de Ánimas, del Rescatado o de la Sentencia. Sin apellidos políticos. Habrá quien sea pío y devoto o quien lo haga por tradición familiar, por apego a sus deudos. Y, entre ellos, habrá quien vote en conciencia, quien lo haga pensando en su cartera o quien no vote. Habrá gente de izquierda, de centro o de derecha. Por haber, hasta reguetoneros habrá.

El día en que una tradición popular, propiedad del pueblo, tiene la escarapela de un partido político, se acaba el asunto. Se fastidia del todo. Y los puristas harían bien -desde la distancia lo digo- en mantener la independencia de criterio y la amplitud de miras de una cosa que no es de nadie. Ni suya. Como el dinero público, fíjate.

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