Churiaque, el curtido guardia civil condecorado por los Mossos

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«Todavía recuerdo los sacos terreros en los cuarteles de Guipúzcoa para evitar que nos bombardeasen con ‘jotakes’», lanzagranadas diseñado y utilizado por ETA. El comandante de la Guardia Civil Luis González Churiaqu
e comenzó su trayectoria, como era obligado entonces –al menos durante un año–, en «el norte», la tierra de su padre. Destinado entre 1986 y 1989 en la unidad de información –entonces Policía Judicial para delitos de terrorismo–, trabajó en el cuartel de Intxaurrondo. «Éramos los primeros en acudir tras un atentado. Entonces era prácticamente imposible hacer el entierro de nuestros compañeros allí», recuerda. Una de sus inquietudes es qué relato quedará de aquella época con el paso de los años. «Algunos cuentan ahora que hubo dos bandos enfrentados en igualdad de condiciones, cuando realmente había personas que nos mataban por nuestra condición de funcionarios del Estado. Desgraciadamente, hay quienes parecen haber olvidado lo que sucedió», lamenta.

Ya ascendido a cabo dejó de ser invisible –«en información es vital pasar desapercibido»– para formar parte de un embrionario Grupo de Reserva y Seguridad (GRS). Gran parte de una carrera de más de 35 años, destinado en el País Vasco, Cataluña, Navarra y Aragón, la ha dedicado a la lucha contra la delincuencia organizada y el tráfico de seres humanos. Por esta última faceta, Churiaque, como responsable de investigación de la Benemérita en Huesca, fue condecorado por los Mossos d’Esquadra tras la operación Otiv-Baucar: 18 meses de pesquisas conjuntas que se saldaron con 12 detenidos y la detección de 1.000 víctimas. Entre ellas, menores y mujeres embarazadas, que captaban en sus países de origen, en este caso, del continente africano, y que abandonaban a su suerte en caso de que no pudiesen pagar la cantidad exigida por el traslado.

«El tráfico de seres humanos empezó a ser una prioridad de la Guardia Civil y ahora lo es para la Unión Europea», recuerda sobre sus inicios, en los que muchas investigaciones se centraron en mujeres forzadas a prostituirse en clubes de alterne. El principal escollo para descabezar las redes de captación era y es su origen: actúan en los países de procedencia de las víctimas y garantizar la protección de sus allegados, se complica. En la retina del comandante, una investigación con cinco testigos protegidos, todas mujeres colombianas. «Mataron a la madre de una de ellas y el día de la vista oral secuestraron al hermano de otra», explica. Finalmente fue liberado y el investigado tras la red de explotación sexual, condenado. «Para las redes, las personas pasan a ser una mercancía más. Algo que se ha generalizado con los flujos migratorios, aprovechándose de aquellos que quieren venir a Europa a buscar una oportunidad», señala Churiaque, quien alerta de que la situación de necesidad de muchas víctimas lleva a que las mafias no necesiten ser «extremadamente coactivas» para captarlas: «simplemente se aprovechan de esa vulnerabilidad».

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