China trata de controlar el rebrote de Shanghái, que deja nuevos máximos

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Los 26 millones de habitantes de Shanghái permanecen en sus casas desde hace días en un confinamiento de duración indefinida, pero ni siquiera así el Gobierno chino logra controlar la expansión de un virulento rebrote que pone en peligro su política de tolerancia cero.

En las últimas 24 horas, las autoridades han identificado allí 17.007 nuevos casos, el quinto máximo diario consecutivo. Sin embargo, tan solo 311 han manifestado síntomas: un porcentaje inusualmente bajo que, como en días anteriores, reaviva las dudas sobre la veracidad de los datos y sus criterios contables.

Ninguna ciudad china había superado la barrera de los 10.000 contagios diarios desde el estallido de la pandemia en Wuhan hace ya dos años. Shanghái acumula 94.000 desde marzo, cantidad equivalente a todos los registrados desde entonces el país según cifras oficiales.

Las autoridades locales han anunciado esta mañana la enésima ronda de pruebas masivas en la urbe. Este lunes ya fueron testados todos los residentes de la urbe, una operación llevada a término gracias a la movilización de cas
i 40.000 voluntarios venidos de otras provincias, entre ellos efectivos de las fuerzas armadas. Se trata de la mayor respuesta gubernamental, de nuevo, desde el comienzo de la crisis sanitaria, reflejo de la gravedad de la situación.

El Gobierno también ha anunciado las primeras excepciones para evitar la separación padres e hijos en caso de infección, una de las órdenes que han despertado mayor descontento social. Una campaña digital para pedir que los niños pudieran cumplir la cuarentena en sus casas ha sido censurada y eliminada tras recibir más de un millar de firmas de apoyo.

China encara de este modo la mayor amenaza hasta la fecha a una política de «covid cero» que, tras salvar millones de vidas al comienzo de la pandemia, mantiene ahora al país atrapado en su aislamiento. Factores como la baja tasa de vacunación entre la tercera edad, la inferior protección de sus vacunas en comparación con las occidentales y una reducida capacidad sanitaria empujan al Gobierno a extremar la cautela y alejan el regreso a la normalidad.

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