Antonio Cabal, profesor de Altair: «De aquí saldrán chavales capaces de transformar el mundo»

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Antonio Cabal es un ovetense que vino a Sevilla en 1977 para cursar 5º de Medicina y, aunque ejerció de médico, pronto comenzó a trabajar en el campo de la educación. Lleva en Altair casi 20 años y este jueves se ha jubilado.

Llevas casi 40 años trabajando en el campo de la educación, partiendo de esta experiencia ¿cómo ves la evolución de los jóvenes, especialmente los de ESO y Bachillerato?

Es una pregunta difícil. Creo que los chavales de hoy en día tienen muchas cualidades positivas respecto a los de antes, en el sentido de que tienen una gran facilidad para todo lo relacionado con resolver las cosas prácticas. Son como más hábiles, y enseguida buscan información, la transforman en datos, en powerpoint, etc. Pero les falta sentido de la organización y previsión.

Los jóvenes de hoy organizan peor el tiempo, no lo dan al trabajo y a la formación el espacio que deben darle en su vida. Son más espontáneos, son naturales, admiten fácilmente los errores. Por el contrario, los chavales de antes tenían más sentido del orgullo, querían quedar bien, no cometer errores. Además, antiguamente los jóvenes tenían más sentido del deber, más sentido de responsabilidad, más respeto a los profesores.

¿Cómo afecta a la educación el mundo tan hiperconectado a Internet en el que nos encontramos?

Este fenómeno de Internet no hay quién lo pare. Se habla de que estamos en la cuarta evolución industrial y no podemos ir en contra, es imposible. La ventaja que tienen los jóvenes es su facilidad para moverse en este mundo de la tecnología. Por la estrecha relación que tienen con los juegos, parece que los jóvenes tienen necesidad de tener un premio o castigo muy rápido, y cuando terminan un examen ya preguntan cuándo se puede repetir, cuándo es la recuperación, como si fuera una partida de juego. En este sentido cambia la mente del alumno y ahora hay que valorar conceptos como la capacidad de buscar información en varios medios, de sintetizarla, etc.

Nosotros también tenemos que cambiar como profesores. Tanta hiperconexión ha sustituido el diálogo con los amigos, el salir a la calle… En el terreno de la educación personal hay un conocimiento superficial de las cosas, es todo efímero. Todo se construye y deconstruye con enorme facilidad. Los chavales dedican demasiado tiempo a los juegos, se pasan el fin de semana jugando, son muchas horas que le quitan al sueño, al deporte, a estar en la calle… No se puede generalizar, pero esto les pasa a la mayoría. No obstante, hay familias donde los padres son responsables y se preocupan por esto, limitando a sus hijos el tiempo de uso de móviles y juegos. Estas cuestiones salen en las tutorías y procuramos ayudar a los padres.

En esta línea de tutorías, ¿En qué medida afecta y sirve la educación personalizada que ofrece Altair?

La tutoría es una parte importante de la educación personalizada y hay que entenderla como un diálogo entre amigos. Buscamos que el alumno te vea como un amigo mayor, como una persona en la que puede confiar, y puede contar sus dificultades de todo tipo: académicas, familiares –que hay muchas hoy en día-, dudas en cuestiones personales y relacionadas con su futuro profesional y académico. La tutoría con los alumnos se basa en la confianza entre ambas partes, y el alumno debe tener la la seguridad de que esa persona le va a decir sinceramente lo que piensa sobre lo que se está planteando. Hacer tutorías es un factor diferencial que ofrece Altair, y por eso se dedica tanto tiempo y procuramos estar muy cercanos a los chavales, con un trato amigable.

¿Es importante para el futuro de los alumnos la educación humana y de valores cristianos que ofrece en Altair?

Es lo mejor que se van a llevar de aquí, una formación humana, en valores, una educación basada en una antropología cristiana. Esto va a ser la brújula que va a guiar su vida. Todo lo demás puede ser muy relativo, porque muchas cosas se cuestionan, entre otras, la enseñanza como cúmulo de conocimientos. En otros países estudian menos pero les enseñan a pensar, a relacionar. Hace falta una cabeza bien estructurada, formar alumnos responsables, que den lo mejor de sí mismos. Y hay que tener en cuenta que cada niño es único y tiene su propia personalidad.

Este 2 de diciembre ha comenzado tu jubilación, ¿qué te llevas de estos años de trabajo en Altair?

No tengo sensación de irme. Dejaré de dar clases, de venir,… pero Altair es tan singular, es como una gran familia y te vas encontrando gente de Altair por todo el mundo, me los he encontrado en muchos sitios y profesiones y lo que nos ha unido, que es el colegio, permanece. Por esto, de alguna manera me quedo. Ser de Altair es una cosa para toda la vida –por lo menos como yo lo entiendo-, siempre estás pendiente de las personas del colegio, de los antiguos alumnos, y yo además mantengo mucha amistad con muchas familias.

¿Qué sueño tendrías para el Altair del futuro?

Es difícil. Siempre piensas en necesidades de Altair, cosas que se pueden mejorar, cosas instrumentales, mejores medios, etc. Yo creo que en Altair todavía siguen vigentes los retos por los que se puso el colegio. Y sigue vigente lo que enseñó San Josemaría, donde en el colegio lo primero son los padres, luego los profesores y seguidamente los alumnos.

El Altair del futuro debe ser un colegio donde los padres tengan mucha importancia y tengan su lugar, y los profesores también tengan un sitio importante. En la medida en que ambos estén unidos de cara a la educación, mejoraremos Altair y saldrán chavales con una formación espléndida y con ideas cristianas, capaces de transformar el mundo.

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