Alemania agotará el plazo de 120 días para dejar de comprar carbón ruso

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El acuerdo europeo para dejar de comprar carbón ruso tiene truco, contempla un plazo de aplicación de la medida de 120 días que el canciller alemán, Olaf Scholz, agotará hasta el final. Eso es lo que ha dicho apenas ha regresado de Bruselas, además de calificar el nuevo paquete de sanciones como «paso grande y significativo», que «contribuirá a dejar claro que Rusia y el presidente ruso no solo destruyen Ucrania, sino también el futuro de su propio país».

Scholz no mencionó que las sanciones también amenazan con destruir el futuro de Alemania, pero es un secreto a voces que, evidentemente, le preocupa. Casi la mitad de los 31,82 millones de toneladas de carbón que importó Alemania en 2020 provino de Rusia, según los datos de la Asociación de Importadores de Carbón. A gran distancia siguen Estados Unidos y Australia como proveedores de hulla y coque, fundamentales para la producción de acero. Alemania es, de hecho, junto con Polonia y Holanda, uno de los mayores consumidores de carbón ruso, aunque el Ministerio de Economía y Clima ha puesto en marcha un plan para reducir la dependencia al 25% en las próximas semanas.

El principal problema para lograrlo es que todavía no se ha llevado a cabo la conversión de las cadenas de suministro, por lo que un freno inmediato de las entregas de carbón llevaría a consecuencias en el suministro de electricidad en pocas semanas. Por eso Scholz da luz verde a las empresas para que agoten hasta el último minuto del plazo, con las esperanza de que la situación sea menos acuciante dentro de cuatro meses, y por eso el ministro de Economía y Clima planea extender la llamada «seguridad en espera» para las cinco unidades de centrales eléctricas a base de lignito que quedan en el país, operadas por RWE y Leag, con una producción de 1,9 gigavatios, dando lugar a una especie de renacimiento de una fuente de energía que ya había sido declarada muerta en Alemania.

La situación es especialmente paradójica por tratarse del ministro Robert Habeck, presidente del partido Los Verdes, que nació precisamente para luchar contra la energía procedente del carbón y de las centrales nucleares. El lignito es la fuente de energía que más dióxido de carbono emite, pero la única fuente de energía suficientemente disponible en Alemania para ser utilizada como carga base, puede regularse y está disponible las 24 horas. En vista de las incertidumbres sobre las entregas rusas, el ministro de Economía, Robert Habeck, y la ministra de Relaciones Exteriores, Annalena Baerbock, ambos verdes, se disponen a volver a poner en funcionamiento las centrales eléctricas de carbón de la reserva y no enviar las plantas en activo a la reserva por el momento, desviándose de la ruta de eliminación del carbón hacia 2030 o 2038 que fue eje fundamental de su campaña electoral para las elecciones del pasado mes de septiembre.

Centrales eléctricas
La idea de dejar las centrales eléctricas de lignito más antiguas en espera durante más tiempo y prepararse para ponerlas en marcha va en contra de los principios fundamentales de Los Verdes. Esta reserva se creó en 2016, mucho antes de la decisión de eliminar el carbón. Originalmente comprendía ocho bloques con una capacidad de 2,7 gigavatios o el 13% de la capacidad instalada. Tres de ellos ya cumplieron el período de espera de cuatro años y no se pueden reactivar. Pero el resto sí puede volver a entrar en funcionamiento, a pesar de que tres de ellas están programadas para cerrar por completo el 1 de octubre, antes del invierno, y los otras un año después, un escenario de desmantelamiento que ahora debe cambiar, como ha confirmado el ministro regional de Economía de Brandeburgo, el socialdemócrata Jörg Steinbach (SPD), en cuyo estado se encuentra la central eléctrica Leag en Jänschwalde.

«He trabajado con el Ministerio Federal de Economía para garantizar que la reserva de seguridad de los dos bloques en Jänschwalde, que vence este año y el próximo, se amplíe para que pueda usarse en caso de cuellos de botella», ha confirmado Steinbach. Las resoluciones acordadas el 23 de marzo por la coalición de gobierno, que reúne a los socialdemócratas del SPD, Los Verdes y los liberales del FDP, afirman: «Queremos reducir el consumo de gas en la generación de electricidad a corto plazo manteniendo las centrales eléctricas de carbón en funcionamiento»… «en espera por más tiempo si es posible mantenerlas».

Añade que «el cierre de las centrales eléctricas de carbón puede suspenderse hasta nuevo aviso después de la revisión por parte de la Agencia Federal de Redes», con el fin de asegurar el suministro de electricidad para el invierno de 2022/2023, y contempla que «es posible que las centrales tengan que conectarse por primera vez desde el stand-by de seguridad». Y el encargado de implementar esta decisión no es otro que el siempre verde Robert Habeck, que no por ello está perdiendo popularidad, sino, otra paradoja, ganándola. Habeck es ahora el político más popular de Alemania, superando incluso al canciller Olaf Scholz en el barómetro político de ZDF, en el que recibe una puntuación promedio de 1,9 en abril (marzo: 1,6), en una escala de +5 a -5, su mejor calificación hasta la fecha. Scholz le sigue de cerca con 1,8 (1,9 en marzo).

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