Aitana Sánchez-Gijón: «A las mujeres nos han desnudado en el cine con mucha facilidad»

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El género de una película, sin la profundidad de la historia de los personajes, puede caer en el peligro de ser maniqueo, de no aportar más que marketing o, en su defecto, espectáculo a la trama. Lo sabe bien Michael Bay, que ha hecho carrera enterrando cualquier emoción en la pirotecnica, y también Aitana Sánchez-Gijón, actriz de raza y casta, que no tuvo problema en ponerse a las órdenes del director novel Fran García cuando supo que, en este caso, el objetivo en la película ‘La jefa’ era el contrario. «El género tiene que estar al servicio de los personajes y ser algo absolutamente secundario», cuenta la intérprete.

Y, sin embargo, todo termina estallando en la película, en este caso en forma de drama. «Es un tema que da como para para echar la imaginación a volar y crear conflictos poderosos», reconoce. Como en ‘La hija’, de Manuel Martín Cuenca, la película protagonizada por Sánchez-Gijón y Cumelen Sanz habla del dilema moral de la maternidad, de la gestación subrogada, y de cómo «esa necesidad de tener un hijo llega con un grado de obsesión ya insano». ‘La jefa’ también habla, y con tono marcado, de la discriminación («A ellos se les permite ser cabrones. Determinación le llaman. Así que fuera culpas») y de las dinámicas de clase, del poder de arriba a abajo y de cómo una mujer, por el hecho de serlo, a veces tiene que renunciar a partes de su vida para triunfar en el ámbito laboral. Todo, apunta, llevado al «extremo».

Ella afirma ser una excepción en este aspecto, aunque sí se ha sentido «excluida por el hecho de ser mujer» y, sobre todo, por los años, que en las actrices son más una carga que bagaje. «Para mí, la frontera de la edad es clarísima, los 35 años. A partir de ahí hice un par de películas, pero mi carrera cinematográfica, que había sido intensísima hasta ese momento, ‘boom’, de repente frenó», cuenta a ABC.

Para la actriz, acostumbrada a interpretar papeles de mujeres fuertes, era fundamental no contar una historia lineal, «de buenas y malas, sino buscar esa complejidad que permitiera entender esas razones profundas y humanizar a los personajes». «Me gusta interpretar a mujeres fuertes pero no monolíticas. Seres de carne y hueso. Seres que sufren. Seres que arrastran heridas o que se caen y se levantan. Mujeres que también tienen miedo, pero actúan a pesar de él. No me interesan las heroínas de una pieza. Me siento especialmente atraída por mujeres que rompen ese molde y se atreven a desafiar el orden establecido», explica la actriz, a punto de volver a las tablas, lo que más le llena, con la obra ‘Malvivir’.

En ‘La jefa’ su personaje no es la excepción que confirma la regla. Proyecta una imagen de seguridad que, desde dentro y en la intimidad, se resquebraja. También hay desnudos y, al contrario que el género, a Sánchez-Gijón no le importa ejecutarlos estén o no justificados. «No tengo un problema moral con la desnudez. Me parece que la desnudez es tan natural como, no sé, llorar, reír o cualquier otra cosa», sostiene. Sí considera que ha habido un «exceso». «A las mujeres nos han desnudado en el cine con mucha facilidad y con mucha frecuencia y, por supuesto, mil veces más que a nuestros compañeros. El cuerpo femenino ha sido siempre objeto de esa mirada carnal y masculina», afirma la actriz, que, sin embargo, concede que las cosas «están cambiando», igual que con el tema de la edad. «Ahora ya veo a muchos compañeros con el culo al aire… y otras cosas», dice, riendo.

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