- Apr 03, 2026

Monjas de clausura disfrutan en el monasterio de ‘Los Domingos’, la película que retrata su vocación

Una experiencia única en el Monasterio de la Conversión

El silencio habitual del monasterio de la Conversión en Sotillo de la Adrada (Ávila) se transformó en una inusual sala de cine. Tres novicias, jóvenes y con el pelo aún sin cubrir por la toca, fueron las primeras en llegar para disfrutar de una proyección muy especial: la película ‘Los Domingos’, que explora la vida de una joven de 17 años y su llamado a la vida monástica en clausura.

La proyección como puente entre la clausura y el mundo exterior

La cinta, dirigida por Alauda Ruiz de Azúa, ganadora de la Concha de Oro en el Festival de San Sebastián, ha generado debates entre creyentes y ateos al mostrar el proceso vocacional, con sus dudas y renuncias. Sin embargo, las religiosas que conforman esta comunidad, fieles a las reglas de clausura, no pueden ver la película fuera del monasterio, por lo que ABC llevó la película hasta ellas para abrir una puerta al mundo exterior, por unas horas.

Una reacción cargada de emociones y reconocimientos

Durante la proyección, las expresiones faciales de las hermanas mostraban la mezcla de complicidad, sorpresa y emoción. Las risas estallaban en escenas cotidianas y graciosas sobre la vida conventual, mientras que la tensión silenciosa se palpitaba en los momentos de discernimiento vocacional y dudas profundas. Las manos entrelazadas y las miradas fijas en la pantalla denotaban una empatía intensa con la protagonista.

El reflejo real de su propia experiencia

Tras el visionado, un aplauso unánime inauguró el coloquio donde la Madre Prado destacó la fidelidad del guion a las vivencias reales de las monjas. Muchas compartieron cómo habían experimentado situaciones similares, como renunciar a relaciones familiares o enfrentar la incomprensión del entorno. Sorprendentemente, una de las principales emociones surgió del retrato de quienes quedan fuera: las familias, amigos y su apoyo a la distancia.

El desafío familiar y social de la vocación

Las religiosas relataron las dificultades para hacer entender su decisión hasta en círculos católicos. La hermana María recordó cómo para su familia fue un impacto inesperado, mientras que la hermana Tamara confesó que su padre aún se emociona cuando la deja en el convento. Muchas vivieron la presión social y sentimental por intentar disuadirlas, hecho fielmente reflejado en la película.

La vocación como don personal y único

La protagonista y las religiosas coincidieron en que la vocación no es una decisión impuesta por familiares o el entorno, sino un llamado íntimo que cada una recibe de manera individual. La hermana Isabel subrayó que incluso después de años en la clausura, siguen enfrentándose a tentaciones para abandonar, evidenciando la gran responsabilidad de esta vida entregada.

La figura de la tía y la representación del escepticismo

En el film, la tía hace el papel de ‘abogado del diablo’, cuestionando la vocación como si fuera una secta. Las religiosas entendieron bien este personaje y bromean con la idea de una secuela sobre su conversión. Esta narrativa representa también las dudas y temores que genera la decisión en familiares cercanos, un aspecto pocas veces abordado con tanta profundidad.

El valor del silencio y la belleza en la vida contemplativa

Para la hermana Jadzia, la película acierta al mostrar que la vocación surge en medio del mundo real y no en un universo paralelo. Se destacan detalles humanos como el uso del móvil, el cigarrillo furtivo o llevar pantalones, evidenciando que el camino vocacional no está exento de contradicciones y dudas.

El silencio se convierte en una protagonista esencial. Explican cómo, al sentirse diferentes, muchas veces solo les queda la opción de callar o aparentar ser como los demás. Esta misma atmósfera de silencio está reflejada en momentos significativos de la película, como la ausencia de palabras de la amiga íntima al cortar el pelo a la protagonista.

Una crítica constructiva desde dentro

A pesar de valorar mucho el filme, algunas hermanas lamentan que el silencio en la película pueda parecer una carga y eclipsar la luminosidad y calidez que experimentan en su comunidad. La hermana Sofía explicó cómo el amor fraterno y la sensación de familia fueron motivo suficiente para decidir entrar al convento, un aspecto que consideran fundamental y que les hubiese gustado ver más reflejado.

Una llamada que sigue viva y se extiende más allá del cine

Al concluir la proyección y la charla, las hermanas retomaron su rutina de trabajo y oración, con la certeza profunda de que, aunque la película acabe, la llamada a la vida contemplativa nunca termina. En un mundo que parece cada vez más alejado de la fe, este encuentro fugaz entre la pantalla y la clausura confirma que hay jóvenes que responden al amor de Dios con valentía y esperanza.

Más información

Imagen: www.abc.es

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