- Apr 02, 2026

La historia detrás de las detonaciones nucleares tras Hiroshima y Nagasaki

Resumen histórico de las pruebas nucleares tras Hiroshima y Nagasaki

Las detonaciones nucleares han marcado profundamente la historia contemporánea desde aquel 16 de julio de 1945, fecha en la que Estados Unidos realizó la primera prueba atómica en Nuevo México. Si bien comúnmente se asocia la llegada de la era nuclear con las bombas lanzadas en Hiroshima y Nagasaki, la realidad es que la historia de los ensayos nucleares continúa durante décadas y en distintas partes del mundo.

El inicio: la prueba Trinity en Nuevo México

A las 05:29 de la madrugada, en medio del desierto de Nuevo México, explotó el primer dispositivo nuclear del Proyecto Manhattan. Descrito por un periodista de The New York Times como «una luz de muchos soles», el evento fue un momento decisivo que transformó para siempre la percepción del poder atómico.

El físico Kenneth Bainbridge, presente en el lugar, expresó su sentir con una frase directa dirigida a Robert Oppenheimer: «Ahora todos somos unos hijos de puta». Todas las consecuencias, sociales, humanas y ambientales comenzarían a desvelarse tiempo después.

Impacto inmediato y lluvia radiactiva

El destello fue tan intenso que una niña ciega a 160 kilómetros dijo haberlo visto. Durante las horas siguientes, cenizas contaminadas comenzaron a caer en zonas cercanas sin que la población recibiera advertencias. La lluvia radiactiva se propagó incluso a estados como Iowa e Indiana, a más de mil kilómetros.

En ese periodo, Kodak detectó rastros del material radiactivo en sus laboratorios, confirmando la extensión del alcance de la contaminación. A los afectados se les dijo inicialmente que había estallado un almacén de municiones.

Los ‘Downwinders’: víctimas invisibles de las pruebas nucleares

Entre 1945 y finales del siglo XX, Estados Unidos llevó a cabo 1.054 ensayos nucleares adicionales, muchos localizados en áreas desérticas y rurales. Las comunidades que vivían a favor del viento de estas pruebas fueron conocidas como «Downwinders» y sufrieron graves consecuencias:

  • Aumento en tasas de cáncer.
  • Incremento de mortalidad infantil.
  • Casos de bebés con defectos de nacimiento.

Según el historiador nuclear Alex Wellerstein, estas poblaciones enfrentaron peligros significativos pese a las garantías gubernamentales de seguridad.

El mundo se expande: detonaciones en múltiples continentes

No solo Estados Unidos continuó con sus pruebas. La Unión Soviética realizó más de 500 detonaciones en su territorio, principalmente en la estepa de Kazajistán, sin avisar nunca a sus pobladores, quienes fueron usados como «conejillos de Indias» según informes posteriores. Otros países, como Francia, Reino Unido, India, China, Pakistán y Corea del Norte, también llevaron a cabo pruebas nucleares en distintos lugares, incluyendo áreas coloniales.

Las pruebas soviéticas y la bomba Tsar

En 1961, la Unión Soviética detonó la bomba Tsar, la más poderosa de la historia, con una potencia 3.000 veces superior a la de Hiroshima. Su onda sísmica dio la vuelta al planeta en tres ocasiones.

Curiosamente, esta bomba fue considerada una de las «más limpias» en cuanto a lluvia radiactiva debido a que el 97% de su energía provenía de la fusión, menos contaminante que la fisión.

Pruebas subterráneas y moratoria internacional

Tras una moratoria firmada por John F. Kennedy en 1963 para detener las pruebas atmosféricas, se promovió la realización de detonaciones subterráneas, con más de 828 pruebas en Estados Unidos hasta 1992. Sin embargo, algunos eventos como la prueba Baneberry liberaron polvo radiactivo debido a fisuras ocasionadas.

Se produjo un debate perenne sobre los riesgos y efectos colaterales de este tipo de pruebas, especialmente tras temores de desastres como tsunamis durante pruebas como Cannikin en Alaska.

El Pacífico: laboratorio radiactivo y sus secuelas

Las detonaciones en el Pacífico fueron unas de las más potentes y contaminantes. La destrucción de la isla de Elugelab tras la bomba de hidrógeno Ivy Mike y el desastre radiológico de la prueba Castillo Bravo afectaron vastas áreas y poblaciones locales.

Las historias de supervivientes como Lijon Eknilang, que padeció numerosos abortos y cáncer, evidencian el daño prolongado que dejaron estas pruebas.

Costes humanos y ambientales aún visibles

Aunque muchas detonaciones se realizaron en territorios marginales, sus consecuencias persisten. Zonas como el sitio de pruebas de Yucca Flat en Nevada muestran hoy cráteres gigantescos y contaminación residual.

Bernard Brodie, estratega en armamento nuclear, afirmó en 1959 que «las armas nucleares deben estar siempre listas, pero nunca usarse». Sin embargo, la historia de los ensayos muestra la difícil relación entre preparación, control y daño ambiental y humano.

El Reloj del Juicio Final, un símbolo vigente

Creado en 1947 como símbolo para medir la cercanía de la humanidad a su autodestrucción, el Reloj del Juicio Final continúa avanzando peligrosamente hacia la medianoche, especialmente al considerar recientes declaraciones de aumentar los ensayos nucleares.

En definitiva, las pruebas nucleares desde 1945 no solo definieron la política y la guerra fría, sino también un legado doloroso con impactos profundos que aún hoy requieren atención y memoria.

Imagen: www.abc.es

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