- Apr 30, 2026

Las cenizas de los incendios forestales envenenan ríos de Galicia, Castilla y León y Extremadura

Impacto de las cenizas en los ríos tras los incendios del verano 2025

Los ríos de Galicia, Castilla y León y Extremadura presentan aguas oscuras y espesas que descienden tras los incendios ocurridos durante el verano de 2025. En muchas zonas donde antes el agua era cristalina, ahora fluye una corriente turbia y negra con un brillo aceitoso, similar al alquitrán. Lejos de tratarse de contaminación por petróleo, el fenómeno se debe a las cenizas arrastradas por las lluvias torrenciales, provenientes de más de 400.000 hectáreas calcinadas según los datos del sistema europeo EFFIS.

El origen de esta contaminación

Las cenizas de los bosques quemados, al acumularse y arrastrarse hacia los cauces con la llegada de las lluvias, están convirtiendo estos cursos fluviales en un “cóctel químico” que afecta la calidad del agua. Partículas que contienen metales pesados como arsénico, plomo y mercurio se infiltran en las aguas superficiales y acuíferos, lo que pone en peligro tanto el suministro público como la salud pública.

Consecuencias para la salud y los ecosistemas

Riesgos para el consumo humano y animal

El impacto no es solo visible, sino también potencialmente grave para la salud. Víctor Resco, catedrático e ingeniero forestal, advierte que las sustancias tóxicas pueden causar daños neurológicos, renales y hepáticos tras su ingestión continua. Las instalaciones potabilizadoras tienen dificultades para tratar estas aguas contaminadas, dado el aumento de turbidez y carga de biomasa.

Daños en la fauna y flora acuática

Las cenizas afectan directamente a la vida del río al colmatar el fondo, reduciendo el oxígeno disuelto y alterando el pH. Esto provoca la asfixia de peces e invertebrados y favorece las floraciones tóxicas de algas y cianobacterias. Además, los metales pesados ingresan a la cadena alimentaria, intoxicando aves y mamíferos que se alimentan de estos peces. La destrucción de plantas acuáticas genera un efecto dominó que afecta a insectos, peces y animales superiores, dañando de manera irreversible el ecosistema.

Degradación del suelo y terrenos afectados

Además del daño en los ríos, se suman la erosión y pérdida de nutrientes en los terrenos que quedaron desnudos tras la pérdida de la vegetación. Esta degradación convierte los suelos en terrenos “esqueléticos” que dificultan la regeneración natural tanto de bosques como de cultivos. La erosión se incrementa con las lluvias torrenciales, agravando la contaminación de embalses y manantiales.

Situación en las regiones más afectadas

Galicia: La comarca de Valdeorras bajo amenaza

La comarca de Valdeorras, en Orense, ha sufrido el mayor incendio de la comunidad con 30.000 hectáreas quemadas. Los vecinos de zonas como Petín se enfrentan a aguas residuales oscuras y problemas en el abastecimiento de agua potable. La alcaldesa Raquel María Bautista denuncia la falta de coordinación entre administraciones y la ausencia de protocolos claros para afrontar esta emergencia. Por su parte, la Xunta de Galicia ha anunciado medidas como la instalación de diques y cordones vegetales para mitigar la erosión, aunque persisten conflictos sobre competencias con la Confederación Hidrográfica Miño-Sil.

Castilla y León: El Bierzo y el reto del agua potable

En localidades como Puente de Domingo Flórez y Salas de la Ribera, las autoridades han prohibido beber agua del grifo y suministran agua potable mediante camiones cisterna. Los incendios destruyeron la vegetación que protegía las captaciones, dejando el agua contaminada por cenizas y restos quemados. En Tremor de Arriba, los vecinos han estado casi dos meses sin poder consumir agua corriente debido a daños en la tubería y la contaminación del río Tremor.

Extremadura: Gargantas muertas y el retroceso a los años 60

Según expertos como Paco Castañares, las zonas alrededor de Jarilla y Las Hurdes sufren la pérdida de ecosistemas acuáticos enteros. Las gargantas que originan ríos como Ambroz y Jerte están muertas, con suelos estériles que dificultan la recuperación forestal, que podría tardar siglos. Muchas aldeas del norte de Cáceres solo tienen acceso a agua mediante cisternas, una situación que recuerda a décadas pasadas.

La necesidad urgente de prevención y restauración

El coste económico de apagar los incendios en 2025 alcanzó los 7.600 millones de euros, pero paradójicamente no se destina presupuesto para la restauración de los ecosistemas afectados. Técnicas tradicionales de restauración, como albarradas o barreras vegetales, son efectivas pero escasamente aplicadas. Los expertos insisten en que la inversión debería priorizar la prevención —gestión forestal sostenible, ganadería extensiva, quemas controladas, limpieza de montes— para evitar estos desastres y sus consecuencias duraderas.

Finalmente, las aguas de ceniza no son solo un problema visual o puntual, sino la manifestación clara de un problema estructural que afecta a gran parte de España cada verano. Cuando se apaga el fuego, el daño continúa en ríos, suelos y comunidades enteras.

Referencias y lecturas complementarias

Imagen: www.abc.es

prensa

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