- Apr 15, 2026

Vivir en un cementerio: La singular vida de una familia en el cementerio de Poble Nou, Barcelona

Una infancia única entre tumbas y cipreses

Marc Arias, de 60 años, junto a sus dos hermanos y su padre Manuel Arias, han crecido en un ambiente excepcional: dentro del cementerio de Poble Nou, en Barcelona, el más antiguo de la ciudad. Manuel fue sepulturero durante más de 50 años y como funcionario municipal tuvo asignada una vivienda dentro del camposanto, cercana a la entrada principal y rodeada de nichos y panteones. A pesar del ambiente tétrico, esta familia leonés-barcelonesa ha vivido en un entorno de «absoluta felicidad» y con un profundo respeto hacia la muerte.

El día a día de una familia en el cementerio

Manuel Arias, con 97 años, todavía reside en la casa ubicada dentro del cementerio de Poble Nou junto a dos de sus hijos. La vivienda destaca por sus dos plantas, un buzón y la vida que aún late en ella, rodeada de tres casas abandonadas ubicadas en el mismo recinto. La historia de esta familia comienza en 1953, cuando Manuel emigró desde la comarca de los Ancares, en León, para establecerse en Barcelona y trabajar en los cementerios municipales.

Allí conoció a su esposa, y no tardaron en asignarle la peculiar vivienda. Sus hijos crecieron en este lugar rodeados de fuentes, palmeras, cipreses y un silencio profundo. Marc rememora que su infancia fue similar a la de cualquier otro niño, aunque con la diferencia de que sus juegos transcurrían entre tumbas y nichos. Estudiaban en un ambiente tranquilo que les transmitía «paz interior» y jamás sintieron miedo a la muerte ni a los difuntos.

Juegos infantiles entre lápidas

Jugaban a las canicas y al escondite, cazaban renacuajos y acompañaban a su madre a limpiar nichos y panteones, todo ello normalizado extremadamente en su cotidianeidad. La familia tenía claro desde pequeños la importancia del respeto hacia la muerte. Cuando veían coches fúnebres, obedecían a su madre y abandonaban sus juegos para entrar en casa y dar paso a la solemnidad que les rodeaba.

Una anécdota para el recuerdo

Marc recuerda con humor cómo sorprendió a su novia al llevarla a casa sin revelarle dónde vivía: «Era de noche y al detener el coche frente a la puerta del cementerio, su expresión fue de estupefacción, pensó que era un psicópata». Esta vivencia refleja la naturalidad con la que esta familia afronta una situación que para otros sería inquietante.

Una relación con la muerte basada en el respeto y la normalidad

Más allá de las anécdotas, la convivencia con la muerte se ha ido forjando desde la absoluta normalidad y el respeto inculcado por sus padres. Marc destaca que el verdadero temor debería tenerlo uno hacia los vivos y que el cementerio durante su infancia era su reino hasta que cerraban las puertas a las 18:00 horas. Sentirse «el rey de un territorio» dentro de 53.000 metros cuadrados les dio libertad para jugar, siempre bajo una estricta educación sobre el respeto.

La relación de esta familia con las lápidas y los difuntos también tiene paralelismos con la experiencia del escritor Edgar Allan Poe, que, durante sus estudios, frecuentaba un entorno similar para aprender. En un gesto común a muchas culturas, su madre y su padre les enseñaron a comprender la muerte no como una amenaza sino como parte de la vida.

Experiencias duras que marcaron su niñez

El primer encuentro de Marc con un cadáver fue impactante: presenció un entierro en el que su padre retiraba restos antiguos para hacer espacio a un difunto reciente en un nicho. Aunque admite no haberse acostumbrado jamás a ver ataúdes pequeños, destaca que esta experiencia ayudó a fortalecer su respeto y comprensión hacia lo inevitable.

Además, recuerda con cariño cómo ganaba propinas ayudando a su padre el Día de Todos los Santos, llevando flores y ayudando en las tareas del cementerio, soportando largas jornadas que, sin embargo, valían la pena por el significado y la conexión con sus raíces.

Reflexiones sobre una vida diferente

Marc explica que, aunque su infancia fue atípica, no la cambiaría por nada. La vida en el cementerio le ha transmitido lecciones de respeto, nobleza y amor al prójimo que han marcado su personalidad actual. La convivencia con la muerte no les alejó de la vida, sino que les permitió entenderla en su plenitud.

Un lugar de paz y memoria

Hoy, en vísperas del Día de Todos los Santos, el cementerio de Poble Nou se viste de flores y recogimiento, con una luz que irradia colores vivos entre las lápidas. La historia de esta familia ejemplifica un modo distinto de experimentar el espacio donde conviven la vida y la muerte, alejados de lo trágico y cercanos a la serenidad.

Para conocer más sobre la historia y la cultura detrás de los cementerios, puede visitar Diez cementerios de leyenda para el Día de Todos los Santos, un impresionante recorrido por la memoria y leyendas que estos espacios conservan.

Imagen: www.abc.es

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