Los grandes incendios de 2025: una tragedia anunciada
Javier Madrigal, científico especializado en incendios forestales, observa con preocupación los incendios que este verano de 2025 arrasan miles de hectáreas en el noroeste de España. A diferencia del común de la gente, Madrigal lo contempla con la mirada experta que fue advirtiendo durante años sobre las consecuencias de un problema estructural en la gestión del territorio español.
Desde sus informes científicos, su blog FuegoLab y su labor en la Oficina de Ciencia y Tecnología que asesora al Congreso de los Diputados, Madrigal insiste en que la situación actual es la muestra de lo que muchos especialistas anunciaron hace dos décadas.
La simultaneidad de fuegos y su dificultad para ser controlados
El problema este año no está únicamente en la cantidad de incendios sino en la simultaneidad y cercanía de grandes focos activos. Según Madrigal, «tenemos grandes incendios al mismo tiempo con comportamientos muy complicados debido al viento y porque están próximos a núcleos urbanos, lo que dificulta mucho su control y pone en riesgo a la población». Esta situación sobrepasa la capacidad de los servicios de extinción y genera una emergencia de difícil manejo.
Consecuencias de sesenta años de abandono rural
El científico explica que las causas de esta crisis no son recientes ni fruto de un solo año irregular: «El problema empezó entre los años 60 y 70 del siglo pasado y se agravó con la migración masiva hacia las ciudades. Este abandono del medio rural ha provocado un incremento en la masa vegetal y combustibles que alimentan el fuego». A pesar de una primavera lluviosa que permitió el crecimiento de nueva vegetación, Madrigal advierte que ni un buen mantenimiento puntual evitaría la magnitud de los incendios actuales sin una planificación a largo plazo.
Un cambio en el patrón de incendios: menos fuegos pero más trágicos
Es un hecho que actualmente hay menos fuegos en número comparado con finales del siglo XX. Se ha pasado de aproximadamente 30 a 40 mil incendios anuales a sólo 8 a 10 mil, en gran parte debido a la menor presencia humana en zonas rurales y a la disminución de negligencias. Sin embargo, esta reducción trae aparejada una acumulación peligrosa de combustible vegetal.
En palabras de Madrigal, «esta acumulación hace que en condiciones adversas como las de este verano, con mucha vegetación y mala meteorología, los incendios resulten más grandes, complejos y dañinos».
Los nuevos incendios urbanos y la preocupación por la cercanía a las ciudades
El experto señala una nueva tendencia: «No sólo las zonas rurales están afectadas, también hemos visto incendios cerca de grandes núcleos urbanos como el reciente en Tres Cantos, Madrid, o hace algunos años en Vigo. Esto muestra que el fuego ya no es un problema exclusivamente rural, sino un riesgo creciente para las ciudades».
¿Qué significa convivir con el fuego? El concepto de fuego amigo
Madrigal introduce la idea de «fuego amigo», un método para usar el fuego como herramienta preventiva. Se trata de quemas controladas y planificadas en épocas seguras, que eliminan el exceso de combustible y reducen el riesgo de incendios fuera de control en verano. Sin embargo, reconoce que la aceptación social de estas prácticas es complicada de lograr.
Según él, «hay ciencia y técnica que respaldan que las quemas en invierno son seguras y representan una de las mejores formas de prevención, además de combinarse con el uso de la ganadería extensiva y tratamientos mecánicos para limpiar el monte».
Ejemplos internacionales a seguir
En el suroeste de Australia, se está implementando una gestión similar inspirada en las técnicas ancestrales de los aborígenes australianos. Allí, el fuego controlado evita incendios de gran intensidad, facilita la labor de los bomberos y promueve la regeneración natural de los bosques sin necesidad de repoblaciones masivas.
El papel fundamental de la política y la sociedad en la gestión de incendios
Para Madrigal, el aumento de medios de extinción y brigadas profesionalizadas es necesario pero no suficiente para abordar el problema. «La situación actual es fruto de circunstancias extraordinarias, no de la carencia de recursos», afirma.
Destaca que la solución requiere cambios socioeconómicos y políticos profundos para revitalizar el mundo rural: «Se necesita mejorar los servicios de transporte, educativos y sanitarios para atraer y mantener población en las zonas rurales. No se trata solo de apagar fuegos, sino de gestionar el territorio y la sociedad».
Subraya la importancia de eliminar el estigma social hacia el trabajo agrícola y rural y apunta que estas medidas a nivel nacional precisarían un pacto de Estado sólido con compromisos a largo plazo.
¿Medidas legales más duras contra incendiarios?
Respecto a la petición popular de prisión permanente revisable para incendiarios, Madrigal muestra su desacuerdo: «Las penas actuales ya pueden llegar hasta 20 años. Sin embargo, los problemas culturales y sociales no se solucionan con medidas judiciales estrictas sino con políticas integrales y educación».
Conclusión: una llamada a la acción para evitar futuras catástrofes
Javier Madrigal señala que la actual ola de incendios no es una casualidad, sino la consecuencia de decenas de años de abandono estructural en la gestión rural y forestal en España. Las soluciones pasan por una gestión integrada del territorio, la aplicación de técnicas de prevención como las quemas controladas y un compromiso político y social que incentive la repoblación rural y una convivencia sostenible con el fuego.
Sin un cambio profundo y a largo plazo, advierte, estos fenómenos extremos serán más frecuentes y destructivos, afectando cada vez más a las áreas urbanas y a toda la sociedad.

Javier Madrigal, experto en incendios forestales, en su laboratorio
Imagen: www.abc.es



