El invierno frío en los monasterios: más que una metáfora espiritual
En numerosos monasterios de clausura en España, el frío del invierno no llega con la primera helada sino con la decisión silenciosa de no encender la calefacción. Con muros gruesos que antaño ofrecían refugio, el frío se va instalando lentamente en los conventos, desde los pasillos hasta el coro, afectando a las manos de quienes rezan las laudes al amanecer. Esta situación no forma parte de una penitencia ni un acto heroico, sino de una realidad de pobreza cada vez más común entre las comunidades religiosas contemplativas.
La vulnerabilidad energética afecta a miles de monjes y monjas
Los 690 monasterios de clausura que continúan activos en España albergan a 7.449 monjes y monjas, siendo las mujeres las que predominan, ya que alrededor del 90% de estos conventos son femeninos, según la última memoria de la Conferencia Episcopal. La llamada vulnerabilidad energética, que según Cáritas afecta a 1,8 millones de hogares en el país, también golpea a estos monasterios, convirtiendo el frío en una experiencia real y dura más que en una imagen espiritual.
El impacto económico y humano del aumento de costos
La inflación y el aumento de los precios de la luz y el gas han obligado a muchas comunidades de religiosos a apagar la calefacción en los momentos más duros del invierno. Además, la venta estacional de productos tradicionales, como dulces o bordados, viene disminuyendo o trasladándose a otros países, haciendo que los conventos sean hoy en día más vulnerables económicamente. Esto afecta especialmente a monasterios envejecidos, donde cada vez faltan manos jóvenes para apoyar el trabajo y la agricultura que antes garantizaban su sustento.
El desafío de la Seguridad Social y los gastos patrimoniales
Otra dificultad añadida para las comunidades religiosas son las cotizaciones a la Seguridad Social, dado que la mayoría de las religiosas están dadas de alta como autónomas. Por ejemplo, en el monasterio de las Carmelitas de Maluenda (Zaragoza), la factura de la Seguridad Social supera los 3.500 euros mensuales para sus 16 monjas, más los gastos habituales de mantenimiento del edificio, que suelen ser históricos y protegidos patrimonialmente, complicando incluso reparaciones básicas.
Ejemplos de lucha contra el frío
En Maluenda han decidido no encender la calefacción para minimizar gastos. La superiora, madre Margarita, relata que recurren a soluciones como colocar cartones en la sala de labor para evitar la entrada de humedad y frío, mientras que han instalado estufas de pellets solo en las zonas donde están las hermanas mayores, ya que para las otras no se permiten ese lujo. Este ejemplo muestra la dureza de unas condiciones donde el frío cala hasta las raíces pero donde prevalece la solidaridad interna y la resignación.
Apoyo y campañas para aliviar la crisis
Consciente de esta situación crítica, la Fundación DeClausura ha lanzado una campaña para recaudar 100.000 euros destinados a ayudar a los monasterios en materia de calefacción y sostenimiento en invierno. Esta iniciativa busca cubrir parte de los costes extraordinarios que muchas comunidades no pueden afrontar, previniendo daños graves en la salud de los monjes y monjas debido al frío extremo.
Monasterios que combinan tradición y modernidad para sobrevivir
En Carrión de los Condes (Palencia), el monasterio de las Clarisas representa bien esta realidad: con una comunidad pequeña y de edad avanzada, sus ingresos provienen de la venta de dulces, un albergue para peregrinos del Camino de Santiago y un museo con casi dos mil belenes internacionales. Sin embargo, las limitaciones físicas y económicas dificultan la producción propia de alimentos, que ahora depende en muchos casos del Banco de Alimentos, una ayuda fundamental para muchas comunidades según Cecilia Cózar, coordinadora de la Fundación DeClausura.
Salud y bienestar en peligro por el frío
El frío no solo incomoda, sino que desencadena problemas de salud serios en estas comunidades, como sabañones, enfermedades respiratorias y dolencias articulares, a menudo con hospitalizaciones prolongadas. La vulnerabilidad energética se traduce entonces en una problemática integral para la vida diaria de estos colectivos.
La fragilidad de una pobreza casi invisible para la sociedad
Vivir apartado del mundo ha sido durante siglos un acto voluntario y espiritual, pero la línea entre esta pobreza elegida y la precariedad forzada se vuelve cada vez más difusa. La dificultad para mantener la actividad productiva, los gastos que se acumulan, y la falta de apoyo económico provocan que muchas comunidades se sientan olvidadas, incluso dentro de la estructura eclesiástica.
Según los datos oficiales, mientras las diócesis reciben la gran mayoría de la financiación de la Iglesia, apenas un 0,097% se destina a proyectos de monasterios, una proporción alarmantemente baja si se considera que los religiosos de clausura suman la mitad de número que los sacerdotes activos.
Un llamado a la conciencia y la solidaridad
El invierno y el frío en los monasterios no solo ilustran una situación económica compleja y una crisis energética que afecta a toda la sociedad, sino que también invitan a reflexionar sobre quién queda en el olvido cuando la ayuda financiera y mediática escasea.
El compromiso con sus comunidades y con los demás, el compartir silencioso y el ofrecer el propio sufrimiento por quienes más lo necesitan, sigue siendo el motor de muchas monjas y monjes. Pero su situación reclama apoyo, visibilidad y medidas concretas para evitar que el frío, más allá de la elección espiritual, se convierta en una amenaza real para su salud y su dignidad.
Frases clave destacadas:
- La vulnerabilidad energética afecta a 690 monasterios y 7.449 religiosos en España.
- El aumento de costes obliga a apagar la calefacción y buscar alternativas.
- La mayoría de los monasterios son femeninos y enfrentan pobreza con rostro de mujer.
- Campañas como la de la Fundación DeClausura buscan recaudar fondos para ayudar.
- Los gastos de la Seguridad Social y de mantenimiento complican la economía conventual.
- El frío provoca problemas de salud graves en las comunidades contemplativas.
- La sociedad y la Iglesia deben tomar conciencia de estas comunidades vulnerables.
Imagen: www.abc.es




