- Apr 30, 2026

Guardia Civil interviene en monasterio de Orduña tras grave abandono de monjas mayores

Intervención en el Monasterio de Orduña revela situación crítica

El pasado 18 de diciembre, una actuación judicial ordenada por el Juzgado de Instrucción nº 5 de Bilbao descubrió un grave abandono en la comunidad de monjas mayores del antiguo convento de Belorado al ser trasladadas de manera forzosa al monasterio de Orduña, en Vizcaya. Cinco religiosas de entre 87 y 101 años fueron encontradas en condiciones alarmantes que ponen en evidencia el desamparo físico, sanitario y espiritual en que vivían.

Condiciones higiénicas insalubres y deterioro físico de las religiosas

Al llegar al monasterio de Orduña, los agentes y funcionarios judiciales constataron que ninguna de las monjas había desayunado ese día. Se encontraron con que el pelo de las religiosas estaba sin lavar desde hacía días, sus uñas sucias y, en algunos casos, llevaban el pañal durante toda la noche sin ser cambiado. El estado higiénico de las mayores era muy precario, agravado por la presencia de animales en sus habitaciones, como dos perros y una gata que acababa de parir, junto a orines y excrementos.

Esta situación no era desconocida para las autoridades. La Guardia Civil ya había detectado excrementos de perros dentro del convento durante inspecciones previas relacionadas con investigaciones sobre venta ilegal de obras de arte. El informe resultante fue clave para ordenar el traslado urgente de las hermanas mayores.

Problemas médicos y cuidados insuficientes

Tras la intervención, tres de las monjas tuvieron que ser hospitalizadas en el Hospital de Basurto en Bilbao. Una de ellas estaba tomando medicación en dosis superiores a las necesarias, mientras otras presentaban un evidente deterioro general. Además, las instalaciones del monasterio no estaban diseñadas para atender a personas mayores con necesidades especiales, disponiendo de una única ducha geriátrica en un baño compartido.

Estado emocional y abandono espiritual: un drama oculto

Más allá del abandono físico, las religiosas mostraron una situación emocional delicada. Inicialmente, tenían miedo al contacto con otras personas, incluidas las monjas clarisas de la federación que acudieron a asistirlas y a gestionar el traslado. Algunas expresaron frases muy reveladoras sobre la violencia y el miedo que habían sufrido, como “estoy feliz porque hoy no ha venido nadie a pegarme”. Al preguntarles si habían recibido malos tratos, confirmaron esta lamentable realidad.

El cisma religioso y su impacto en las monjas mayores

Este abandono también tuvo una dimensión espiritual y doctrinal que agrava el sufrimiento. Las hermanas mayores fueron excluidas del proceso de decisión que llevó a un cisma dentro de la comunidad, impuesto por las monjas más jóvenes. Algunas manifestaron sentirse fuera de su propia religión y atrapadas en un conflicto que no eligieron ni comprendieron del todo. Una religiosa, durante su traslado en ambulancia, confesó con dolor: “¡Yo no quería, no quería, no quería!”.

La falta de apoyo espiritual y emocional se sumó al abandono físico, dejando a las monjas mayores en una situación de profunda vulnerabilidad y confusión mental.

Contexto y antecedentes de la intervención

El Juzgado de Instrucción nº 5 de Bilbao había ordenado el traslado tras dos intentos fallidos en meses anteriores, basándose en informes previos donde se señalaban condiciones insalubres y negligencia dentro del convento ubicado en Orduña. En estos informes también se denunciaba la presencia de animales y sus excrementos en zonas donde se alojaban las religiosas más ancianas.

Esta compleja situación se derivó en una operación conjunta entre la Guardia Civil, funcionarios judiciales y médicos forenses que lograron finalmente sacar a todas las hermanas de la comunidad, siendo valoradas y atendidas fuera del monasterio.

Impacto social y próximas acciones

El caso ha despertado gran preocupación en sectores religiosos y sociales por la situación de abandono de personas mayores en entidades religiosas. Diversas organizaciones y federaciones, como la Federación de Clarisas, han denunciado públicamente esta realidad y han solicitado que se implementen medidas para garantizar el bienestar físico, emocional y espiritual de estas religiosas.

Además, expertos en derechos de los mayores y asociaciones protectoras piden una revisión exhaustiva de las condiciones en las que viven las personas mayores dentro de comunidades religiosas, así como mayor supervisión estatal para prevenir nuevos casos de abandono o maltrato.

Conclusiones y reflexión final

La intervención en el monasterio de Orduña no solo ha sacado a la luz una situación de abandono físico extremo sino también una fractura interna en la comunidad religiosa vinculada al cisma y al abandono emocional y espiritual. Este caso es un llamado urgente a cuidar y proteger a quienes han dedicado su vida al servicio religioso, especialmente cuando alcanzan edades avanzadas y requieren cuidados especiales.

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Imagen: www.abc.es

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